29.12.08

Han vuelto a ganar

El primer aeropuerto privado de España no podía estar en otro sitio que en Ciudad Real, nueva capital del caciquismo ibérico.
El veintisiete de octubre nos enterábamos de que dicha instalación no había superado la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del Ministerio de Fomento, por lo cual se le habían negado las autorizaciones necesarias para operar.
Por su parte, el empresario León Triviño, uno de los máximos responsables del aeropuerto, criticó que algunas organizaciones ecologistas "no entiendan el trabajo y el esfuerzo que los promotores han hecho para cumplir con rigor los requisitos de la Declaración de Impacto Ambiental de 2006". Lo que yo, humildemente, no entiendo, es como una entidad como Ciudad Real Aeropuertos no ha podido cumplir con ese rigor del que hablan, aun habiendo tenido dos años para hacerlo. ¿O más bien será que no quisieron? Siempre es más barato destruir la naturaleza que respetarla.
Pero no pasa nada, estamos en La Mancha manchega. El gran José María Barreda, sucesor del poderoso Bono (que su nombre sea alabado), se felicitó a sí mismo y a todos nosotros, apenas veinte días después, porque "todo lo que hasta ahora había dificultado el inicio de las operaciones del aeropuerto Central Ciudad Real ha sido superado y subsanado".
Cuando menos curioso que una DIA que no fue cumplida en un plazo de dos años haya sido subsanada en sólo veinte días. Pero así es. Por obra y gracia de los trapicheos entre Juntas de Comunidades, Diputaciones, Empresas, Bancos y Ministerios varios, el aeropuerto contó rápidamente con todos los permisos oficiales. El presidente Barreda lo definía, al más puro estilo Tony el Gordo, diciendo que "todo está arreglado". Una expresión muy acorde con su forma de hacer política.
Con toda la gracia del clientelismo mafioso manchego, el dirigente socialista aduló a Juan Antonio León, del que dijo que la región debe estarle agradecida por haber sido capaz de sacar adelante el aeropuerto. ¿De modo que tengo que estarle agradecido a este señor? Señor Barreda, ya se han cargado ustedes media Ciudad Real, no nos pidan encima las gracias. Pero lo más ofensivo no fue esto, sino que el presidente calificó la "aventura" como "quijotesca".
Qué equivocación. Cuánto error. Don Quijote desfacía los entuertos, no los creaba. Metamos encima el arte. Siempre manipulando, siempre esgrimiendo la inmortal obra cervantina como si fuese una especie de trofeo. ¿No se da cuenta, señor Barreda, de porqué Cervantes escogió La Mancha como escenario para su ingenioso hidalgo? Está claro. Porque es en esta tierra donde más entuertos hay por desfacer, más déspotas a los que combatir e injusticias que evitar. Pero sí que lo saben. Lo saben perfectamente.
De esta manera hace hoy nueve días que el aeropuerto de Ciudad Real inició sus actividades.
Así acaba un capítulo más de la tradición corrupta, caciquista y feudal de la política e industria españolas. A nadie ha importado que el aeropuerto no cumpliese los mínimos requisitos ambientales ni respete el sueño y tranquilidad de los vecinos. Que le pregunten, a partir de ahora, a los habitantes de Villar del Pozo, que con el aeropuerto a quinientos metros de sus casas, sinceramente, no creo que puedan dormir.
Tampoco importó conocer la noticia de que el aeropuerto está en venta desde hace un año y medio. ¿Tal vez porque no es rentable? ¿Quizá a los promotores les interesaban mucho los "sobres", "comisiones" y demás "incentivos" y muy poco lo que ocurriese con las instalaciones una vez terminasen de construirlas?
Quizá sí. No olvidemos que, como decía Pablo Castellano sobre Carlos Andrés Pérez, Rodríguez Zapatero es tan socialista, tan socialista, que lo socializa todo para él. O al menos consiente que anden socializando el ecosistema, a golpe de talonario, los señores feudales que asiduamente mojan pan en nuestras cincuenta y dos salsas.
Así fue necesario que el Gobierno central cambiase dos veces la legislación para que empezase a construirse este pelotazo. Igualmente la administración del señor Zapatero no se opuso a la venta del aeropuerto a empresas extranjeras cuando la revista Interviú le preguntó extraoficialmente. Primero se lo cargan todo, a nuestra costa. Después lo venden, y nosotros no vemos un duro. Clásico.
Pero, ¿para qué continuar? Lo cierto es que, una vez los aviones ya están volando, el entorno arruinado sin remedio, el aeropuerto llenando los bolsillos de cuatro gerifaltes y dando empleo a las suficientes personas para que la gente aplauda y se trague el inmenso timo, todos estarán contentos, felizmente engañados, como siempre, y algún día muchos seremos recordados como esos reaccionarios que se opusieron al progreso. Pocos sabremos que en realidad estábamos contra el progreso que hace progresar a los tres de siempre mientras los demás, sin saberlo siquiera, pierden.
Pero nada de eso importa ya. Como dijo el capo Barreda, "todo está arreglado".

22.12.08

Sobre los toros y la sinceridad

En la eterna controversia sobre la tradición española del toreo existen, como todos sabemos, tres posturas principales. Por un lado están los opositores a esta actividad - entre los que me cuento -; del otro, los defensores; y aparte se encuentran los indiferentes, que no están en contra del maltrato al toro pero que tampoco lo apoyan especialmente.
Quiero centrarme en los defensores de la "fiesta". Yo, por una cuestión de educación, les respeto en su postura. Pero no puedo aceptarla ni admitirla. Soy contrario a cualquier violencia gratuita sobre los animales. Refiriéndome, antes de que alguien me corrija, a aquella que no tiene como fin nuestra alimentación. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que la violencia, según mi punto de vista, no está abierta a gustos u opiniones - aunque el afectado sea un animal - no acepto estas posturas. Jamás insultaré a una persona que defienda el toreo, porque eso va contra la urbanidad. Pero no puedo tolerar tal afición. Según los preceptos de nuestra nueva sociedad, tan correctamente despótica, soy seguramente un fascista o algo peor. Lo lamento.
Entre los defensores del toreo existen dos corrientes principales. Una de ellas puedo, cuando menos, entenderla, recibirla, asimilarla. La otra la considero un insulto a mi inteligencia y a la de todos cuantos nos oponemos al maltrato.
Por una parte están aquellos quienes dicen: "sí, el toro sufre, ¿y qué?". Gente que admite el dolor del animal pero que, a un tiempo, reconoce también que esta actividad le gusta, pues la considera bella, justificándose además en la idea de que un animal está aquí para que el hombre haga de él lo que le plazca, incluso torturarlo. Esta postura me repugna porque me resulta espantosa la idea de que un hombre sea capaz de disfrutar con algo tan cruel y bárbaro. Pero, al menos, agradezco la sinceridad y, en cierto modo, la honestidad de las personas que se expresan de este modo.
Digo esto porque existe una segunda corriente, la más numerosa sin duda, que intenta darle al toreo una justificación que no tiene. La única justificación posible es la antes citada; que el maltrato del toro se realiza porque hay gente a la que le gusta, y ya está. Pretender cualquier otra razón es tomar por estúpida a mucha gente.
¿El motivo? Sencillamente, no se pueden buscar explicaciones falsas sin ningún rigor científico, que es lo que habitualmente se hace sobre este tema.
Un ejemplo es la razón universalmente esgrimida por los defensores del toreo: el toro bravo no existiría si no hubiese sido gracias a la tauromaquia, ya que al no haber mostrado ninguna otra utilidad económica, habría desaparecido.
En primer lugar, no se sabe si el toro bravo existía antes de la tauromaquia. Según algunos científicos, es producto de la selección artificial realizada por los ganaderos. No obstante, existen muchas hipótesis que lo relacionan con el extinto uro.
Atendiendo a esto, ¿qué vienen a decirnos los pro-taurinos? Que si un animal no es útil para el hombre y éste no se dedica a torturarlo en una plaza, está condenado a la extinción. Por esta regla de tres, ¿qué hay del lince? ¿O el urogallo? ¿El quebrantahuesos? ¿El gato montés? ¿La foca monje? Todos ellos animales en nada útiles a la economía española. ¿Y no debemos protegerlos? ¿No estamos en el siglo XXI, no hay ya una importante conciencia social sobre la importancia de preservar y defender a los animales vulnerables o seriamente amenazados?
Tampoco existirían las dehesas, he leído en alguna ocasión, si no fuera por la tauromaquia. Volvemos a lo mismo de antes. No, para nada podrían protegerse por ley, según éstas teorías. Ninguna dehesa podría ser declarada Parque Natural o Nacional. ¿Por qué se empeñan en pretender lo que no tiene fundamento? ¿Por qué no pueden sencillamente admitir que esto les gusta? ¿Acaso se avergüenzan?
El colmo de los colmos, lo que me llevó a escribir este artículo, lo encontré en un estudio que pretende demostrar lo indemostrable: que el toro no sufre durante la lidia. Según este estudio, realizado por el doctor Juan Carlos Illera de la Universidad Complutense de Madrid, "el toro es un animal, entre comillas, especial endocrinológicamente hablando, ya que tiene una respuesta totalmente diferente a la de otras especies animales". También nos dice que "el toro es distinto a los demás animales porque, en cuanto tiene estrés, en mucho menos tiempo que un segundo ya está liberando hormonas para contrarrestar esta situación".
Qué casualidad. Qué casualidad que el único animal que ha sido escogido por el hombre para una fiesta que consiste en torturarlo, sea el único animal al que Dios diseñó con un mecanismo específicamente creado para anular el dolor. Concretamente, "un mecanismo especial que responde rápidamente, en milisegundos, con la liberación de cortisol y catecolaminas", al parecer, unos productos que mitigan el sufrimiento físico.
No podía disponer de estas herramientas el elefante o el papagayo. Precisamente cuenta con ellas el toro. Hace millones de años, muchos millones antes de que caminase el primer hombre, la evolución previó que los descendientes del uro serían torturados por unas criaturas bípedas y por eso el toro fue dotado con un mecanismo anti-dolor. ¿Tal vez Dios bendice las corridas de toros? ¿Nos regaló al toro para esto? ¿O acaso este señor nos toma por idiotas?
En mi opinión, por entero personal, creo que este estudio se realizó buscando un objetivo claro, por lo cual carece de valor científico. No puede realizarse un estudio en base a lo que queremos que el estudio diga.
En una entrevista con el Diario de Córdoba, el periodista, muy profesionalmente, enuncia una pregunta de la siguiente manera: "Pues le desmonta usted los argumentos a los antitaurinos..." Aunque el doctor, acertadamente, no quiere meterse en eso, reconoce estar "a favor de la Fiesta" y, más adelante, realiza toda una defensa del toreo al asegurar que "si desaparece la Fiesta, esta raza se perdería. Podría existir en algún zoo o en alguna dehesa en la que alguien, por capricho, quisiera tenerlo. Pero vamos, toda la genética y todos los estudios que se están realizando de mejora de este animal..., desaparecería, porque económicamente no tendría ningún sentido. Y a parte de perder el toro perderíamos un montón de otras especies de nuestro hábitat en España, porque gracias al toro de lidia se mantienen cantidad de dehesas donde se conservan muchas especies autóctonas españolas".
Pero lo que totalmente demuestra la diferencia entre las intenciones del doctor Illera y el rigor científico de sus proyectos es su declarada intención de estudiar la posibilidad de que los toros no sean los únicos animales poseedores de este curioso mecanismo, sino que también dispondrían de él - inaudito - los toreros.
Sí, amigos. Creo que Darwin podría haber aprendido mucho de estos estudios. ¿Tal vez los toreros sean alguna clase de super-hombre? ¿Contarán con alguna glándula cerebral de la que nosotros, pobres mortales, carecemos?
No soy el único opositor a las teorías - para mí peregrinas - del doctor Illera. Frente a mis valoraciones más bien profanas, algunos científicos como el veterinario José Enrique Zaldívar, de la Universidad Complutense, también las cuestionan. Zaldívar concretamente opina que "las cifras de cortisol halladas en los análisis realizados en estos animales demostraban claramente que los toros transportados y recortados eran muchísimo mayores que las encontradas en condiciones fisiológicas normales". El zoólogo Jordi Casamitjana, basándose en el comportamiento del toro durante la lidia, dice que "toda la evidencia comportamental muestra que los toros y las vacas sufren en las corridas de toros; sí, ellos sufren en todos los tipos de corridas de toros y actividades taurinas, hasta en aquellas que no terminan con sus muertes; y sí, todos los aspectos de cualquier actividad taurina, desde el transporte a la muerte, son por sí mismos causas de su sufrimiento".
Admito que un hombre pueda disfrutar viendo cómo se tortura a un toro. Sencillamente, yo lo único que puedo hacer a ese respecto es intentar explicarle, de la mejor manera posible, porqué a mí me parece un tremendísimo error. Algo brutal. Pero nunca le faltaré al respeto. Nunca le insultaré, ¿porqué ellos a mí sí? ¿Porqué quieren tomarme por tonto y tratar de hacerme creer las más absurdas fábulas pseudocientíficas?
Terminaré diciendo que, según el propio Illera, ha recibido toda clase de insultos e incluso de amenazas de muerte en su correo electrónico. No sé si esto será cierto - imagino que sí, porque de bárbaros está España llena -. Sobre eso sólo puede decirse que no se puede combatir lo salvaje con salvajismo.

17.12.08

Pornografía infantil NO

Como nunca es tarde he decidido sumarme a esta iniciativa propuesta hace algo más de un mes por La Huella Digital.
Pese a que la lista de participación está cerrada, desde Cosa Pública yo quiero invitar a todos los internautas a poner su granito de arena contra la repulsiva lacra social que supone la pornografía infantil.
La sexualidad y la pornografía son asunto de personas adultas, no de niños, y eso es algo que entre todos debemos imponer. Es tan fácil como publicar en nuestra web o blog un artículo declarando nuestro absoluto rechazo y repulsa a tan degenerada práctica, golpeando las búsquedas pederastas.
Si deseas ayudar a entorpecer las búsquedas de los pervertidos y hacerles más difícil su repugnante actividad, añade a la entrada un listado con las palabras que estos depravados utilizan en buscadores como Google.

El sexo es cosa de adultos. Protejamos a los niños.

Lolita, Lolitas, Preteen, Preteens, Pedo, Teen, Teens, Kid, Kids, Young, Younger, Child, Nude, Angels, Preteen Hardcore, Infantil, Pederastia, Colegiala, Hussyfan, Boylover, Girllover, P2fan, P2sex, Lolitastuff, Little models, Nena, Niña, Peque, Boysex, Schoolgirl, Thai, Preadolescente, Girlsex, Childsex, Kidsex, Niñas sexys

16.12.08

Dueños de la tierra, el agua y el aire

Quevedo decía que "le dolía España". A mí también me duele, pero no sólo me duele España sino mi querida Mancha manchega en la que el universal poeta murió.
Castilla-La Mancha es, como varias otras de las comunidades autónomas de este país, un mecanismo perfectamente diseñado para el caciquismo, el clientelismo y la corrupción.
La Mancha no difiere mucho de la que Don Quijote conoció. Sigue siendo el desierto que fue, habitado por gente sencilla y, por desgracia, muchas veces sumisa. Ahora vivimos bien, jamás yo conocí el hambre ni las carencias que pasaron los antiguos manchegos, pero esta seca tierra sigue sufriendo los mismos maltratos a manos de los mismos hombres; los dueños del campo, los que tienen las viñas aunque ahora las viñas, además de cultivos, sean industrias o incluso aeropuertos.
Tal vez de las cuatro provincias manchegas sea Ciudad Real la más corrompida. La historia del robo y la desvergüenza es antigua aquí. Hace veinte años en Anchuras, paraje que quisieron reventar; el acuífero de que bebemos se declaró sobreexplotado hace veintiún años sin que nadie haga nada; las Tablas de Daimiel se mueren. Si esto ocurre es porque a alguien le interesa.
El cacique no es ninguna figura mítica de la España negra. Existe, aún hoy, en nuestro país. En La Mancha es el dueño de todo. ¿Porqué sigue siendo así? Propietario de toda la industria, del trabajo. Amigo de una Justicia manipulada y de unos políticos corruptos.
En el caso ciudadrealeño la construcción se ha cebado durante años. Los oligarcas inmobiliarios se han estado forrando mientras vendían a los manchegos oro del moro. Una gran bonanza que les permitió salir de la época austera de gachas y migas, sí, ¿pero a qué precio?
En primer lugar al precio del engaño, el pan para ayer y hambre para hoy, a la situación actual. El pasado mes engrosaban las listas del paro ciudadrealeño 36.818 personas. Una población superior a la ciudad de Tomelloso. Otra parte del precio fue la destrucción del paisaje y un crecimiento demográfico forzado, antinatural, al servicio de los poderosos y que a la larga traerá solamente desempleo, pobreza y marginación; no puede sacarse una ciudad de la nada y el ejemplo perfecto es la mega-urbanización toledana de Seseña, construida por aquel hombre que sin empacho alguno afirmaba haber "tenido que invertir en política" para poder edificar.
Ahora vengo a hablar del último caso de vergonzoso menudeo empresarial, canallesco y descarado. Se trata del Aeropuerto Central Ciudad Real. Este aeropuerto fue desde el primer momento planteado de la peor manera posible, estudiado para servir una vez más a los bolsillos de ciertas personas, a costa principalmente del entorno natural y también del empleo o la tranquilidad de los ciudadanos.
El periodista Carlos Otto nos cuenta en su blog cómo la situación ha terminado por estallar, cuando el Ministerio de Fomento - en un inaudito alarde de sentido común - ha decidido negar la apertura del aeropuerto porque, entre otras cosas, le falta "la solicitud y autorización de los vertidos, la finalización de las obras de saneamiento, el plan de aislamiento acústico de las viviendas afectadas de Villar del Pozo y la compra de 252 hectáreas de la Zona de Especial Protección para Aves (ZEPA) afectada, así como la aprobación del plan de gestión de la misma. Del mismo modo, es necesario la aprobación y aplicación del programa agroforestal asociado y de la declaración oficial de reserva de fauna y su correspondiente publicación en el diario oficial de la Junta de Comunidades de Castilla-la Mancha. Además se está tramitando el cambio de las rutas de entrada y salida de las aeronaves, propuestas por el promotor, y recientemente comunicadas al Ministerio, con el fin determinar si es necesario someterlo al proceso de Evaluación de Impacto Ambiental completo. Estas medidas se consideran fundamentales pues son la garantía de que los impactos en la Red Natura 2000 previstos por la explotación del aeropuerto, sean compensados adecuadamente y se proteja la coherencia ambiental de la Red".
El director de dicho aeropuerto, Juan Antonio León Triviño, ha tachado la decisión de "barbaridad" y ha asegurado que supone un grave prejuicio tanto para la empresa, como para la sociedad castellano-manchega. Por supuesto que es una barbaridad; que a él no se le permita forrarse a costa de destrozar la naturaleza y la salud de los vecinos es una barbaridad, al menos en una tierra como La Mancha donde lo raro suele ser que se haga lo correcto. El tipo además no escatima en advertencias cuando dice que "tendrá que plantearse qué hace con las 300 personas recientemente contratadas". Como si le importara.
Esto es La Mancha amigos, una tierra donde Don Quijote pinta bien poco. Realmente quienes han perdurado no han sido los herederos del noble hidalgo, sino los de aquellos quienes a cualquier oportunidad le apedreaban, le insultaban y se reían de él y de su locura. La locura de querer hacer la justicia en todo lugar.
Ellos son los que dirigen el cotarro, y en este caso, a Carlos Otto la locura quijotesca de decir la verdad le ha costado su empleo. Resulta que el verdadero boss de todo el asunto aeroportuario no es otro que el multimillonario Domingo Díaz de Mera, dueño también del diario en que trabajaba. Y es que, como el mismo Otto explicaba en un artículo, los medios manchegos no son ajenos a la más vergonzosa manipulación empresarial.
Así los diarios y televisiones hacen que todo sea como ha sido siempre; unos hacen y deshacen, dame tú que te doy yo, nos quedamos con el agua, la tierra, con todo, y para la gente son tan campechanos como simpáticos porque lo medios así lo venden. Esto ha venido sosteniendo a todos los caciques y jefes apaches que desde hace decenios nos expolian, empezando por el poderoso e intocable José Bono, seguido de cerca por su sucesor el capo José María Barreda.
Las cosas en Ciudad Real funcionan así, aunque en esta ocasión haya brillado por algún lado la sensatez y un Ministerio del Gobierno de España haya tomado la inexplicable pero justa decisión de pararle los pies a una empresa, Diputación y Junta de Comunidades corruptas.
Lo único que espero es que esta acertada postura del gobierno central no cambie radicalmente a golpe de talonario, pues el que puede untar unta y mucho.
Sólo me resta expresar mi apoyo a un buen periodista manchego al que han penalizado por ejercer su libertad de expresión y, sobre todo, por hacer lo que ellos más odian: garantizar nuestro derecho a la información.

15.12.08

A vueltas con la hipocresía navideña

Una vez más me las veo con el tema de las hipocresías ecologistas y navideñas de nuestro gobierno, aun a riesgo de resultar pesado con el asunto.
En este caso es ni más ni menos la selección española de fútbol la que colabora con el gobierno para recordarnos que no debemos derrochar energía sino ahorrarla. Concretamente aparece en televisión un spot donde el gran David Villa nos asegura que con "21 grados" es suficiente para la calefacción.
Personalmente me parece estupendo que figuras de tal poder mediático como los futbolistas aprovechen su tirón para implicarse en cuestiones de interés social. Así resulta agradable ver al Guaje, Casillas o Raúl utilizando su imagen para algo más que ganar millones.
No obstante, resulta imposible aprobar estas iniciativas. ¿Cómo pueden, señores responsables del gobierno, recomendarnos que ahorremos energía cuando ustedes permiten que los distintos ayuntamientos la derrochen? ¿No se les cae a ustedes la cara de la vergüenza?

12.12.08

Un negocio: ETA, la política y los medios

Ayer El Mundo nos deleitaba con todo un alarde de profesionalidad periodística y de investigación. Se trata de un artículo informando sobre el rechazo de policía, algunas víctimas del terrorismo y el PP vasco al acercamiento a la banda.
En los titulares que podemos leer, el periódico referencia la información diciendo, por ejemplo que la Asociación de Víctimas del Terrorismo denuncia que "algo se está cociendo" entre los terroristas y el gobierno de España. Fenomenal.
Que una institución diga una cosa así, tan a la ligera, es perfectamente respetable. Pero lo que no es respetable es que un periódico tome la parte de un todo y utilice informaciones blandas, falsas y descaradas para decir "esto es verdad" o "esto es mentira". Un periódico debe decir: "esto es". Un periódico no puede fundamentar sus informaciones en que algo "se cuece". Tiene que decir: "ha habido esta reunión, la otra y la de más allá y además tenemos estos documentos o fotos que lo prueban". Y El Mundo no lo tiene. Pero da igual. En un país dogmatizado como España, donde los ciudadanos no son ciudadanos sino servidores del poder, basta con decir que algo "se cuece" para que media población se enfurezca contra quien convenga.
Lo cierto es que resulta, cuando menos, admirable la forma en que un diario puede darle la vuelta a la tortilla y contar lo que le da la gana. Porque lo cierto es que, para decepción de algunos, el gobierno no anda metido en una conspiración judeo-masónica con los etarras, ni han cocinado a ningún cura en las catacumbas misteriosas de Bilbao.
Simplemente, la política penitenciaria seguida actualmente por los talantistas responde a una estrategia que se utiliza desde los años ochenta: trasladar a los presos más lejos o cerca del País Vasco según se acerquen o se alejen ellos del extremo radical de ETA. A mí personalmente me parece una pérdida de tiempo y una absurdez, porque aun cuando algunos famosos terroristas se muestren más "blandos", aparecerán otros cincuenta más duros.
Pero esto no es el caso; de lo que yo venía a hablar es de la manipulación informativa. De cómo El Mundo toma una noticia sobre algo rutinario que lleva ocurriendo treinta años y la convierte, de forma ingeniosísima, en un ataque contra Rubalcaba. Y no sólo eso, además tiene el mérito de hacerlo con argumentos tan notables como que "algo se cuece". Sublime.
Este diario, amigos míos, no es un diario. Es una herramienta al servicio de un poder - y por favor, no se me cabreen los judeo-masones comeniños, que también tienen quién les manipule -. En el caso concreto del periódico neoliberal, no sirven a un partido, como es el PP, sino a un ala del partido. En este caso, al ala a la que hoy se ha dado en llamar "neocon", al aznarismo vaya. Así, obsérvese que El Mundo no titula que el PP esté en contra del acercamiento, sino el PP vasco. ¿Por qué? Porque es el baluarte más claro y puro que queda de esta ideología dentro del partido conservador, alejado desde la última derrota electoral por la política moderada que su líder, Rajoy ha preferido adoptar.
Así, el diario nos está diciendo dos cosas: uno, que Zapatero brinda con Otegi mientras le entrega ayuntamientos, personas e instituciones constitucionales - y de paso se come a un cura -; dos, que Rajoy no es mejor, porque es un cobarde, un traidor y un mariquita que no se atreve a encarar los problemas desde la posición providencial y verdadera que encarna, en este caso, Antonio Basagoiti.
Se realizan también dos claras prácticas orwellianas: se manipulan los datos, se obvia la historia. Se manipulan los datos porque se pasa de puntillas sobre el hecho de que Federico Trillo, responsable de Justicias y Libertades del PP, haya declarado que ésta política se lleva realizando desde el año 80 y que puede dar muy buenos resultados si se hace bien.
Asimismo, se sigue demonizando la sola idea de que el actual gobierno pueda intentar una salida negociada al problema. Lo reitero, yo estoy en contra de esto porque, en mi opinión de que ETA no es una banda terrorista sino una mafia, creo que cualquier solución social o política es inviable. Pero esto no implica que deje de ser legítimo para cualquier autoridad española la utilización de todos los medios posibles y constitucionales para terminar con la actividad asesina en el País Vasco. Hasta aquí bien, sin embargo, la reescritura de la historia vuelve a hacerse patente cuando Rubalcaba se convierte en demonio por aplicar una tradicional política penitenciaria, mientras que Aznar acercó a ciento noventa presos a cárceles vascongadas. Lo hizo. Pero no lo hizo. Porque a El Mundo no le interesa.
El asunto de ETA, la política y los medios es un asunto de dinero, pura y duramente. La realidad es que a algunos políticos y grandes lobbys les interesa que siga la violencia, y a otros no. Para el PSOE, por ejemplo, ETA es un grano en el culo, porque le resta réditos electorales cada vez que actúa. Esto no implica precisamente que sea un partido justo, ya que con una mano regañan a ETA y la otra se la dan a los totalitarios Castro o Chávez. Para el PP, en cambio, el terrorismo es una fuente inagotable de votos.
Para los diarios, obviamente, cada atentado es una excusa para vender ejemplares. A esta realidad responde el hecho de que sigan magnificándolo y embelleciéndolo con sus románticos términos: "comando itinerante", "militante de ETA", "impuesto revolucionario"...
Es por este motivo, y no por otro, que tanto partidos como medios españoles favorecen la división. Porque se juega mucho dinero: dinero sacado de la audiencia, del público; dinero sacado de los escaños del parlamento; dinero sacado de los chantajes mafiosos. Dinero, a fin de cuentas.

10.12.08

Un mundo orwelliano: esto es doblemásnobueno

Leer a George Orwell, sin duda uno de los grandes genios literarios del siglo XX, me fascina y aterra por igual. Me fascina porque tal vez esté leyendo a uno de los mejores y más influyentes escritores que han existido. Pero me aterra porque, lamentablemente, Orwell tenía razón en casi todo lo que proponía.
Orwell fue tal vez el inventor y, sin duda, el máximo exponente de la ficción distópica, un género literario que imagina el peor de los futuros posibles para el hombre. Así, a efectos narrativos, el escritor británico se convertía en una suerte de profeta que nos advertía sobre cómo podían salir las cosas.
Él estaba en contra de todos los totalitarismos, y luchó tanto contra los nazis como contra los soviéticos, plenamente consciente de que diferenciar entre tiranías es un absoluto error. Según su forma de verlo, la única motivación de una clase dirigente radica en la búsqueda del poder por encima de todo. Para conseguirlo, se servirá de toda clase de medios - incluyendo la violencia -; entre los que destaca el control mental. Y no entendemos control mental como una fantasía de ciencia-ficción, sino como una compleja política destinada a que el ciudadano medio crea, engañado, que los miembros de la clase dirigente no son el enemigo, sino sus protectores, sus héroes, la encarnación del mesías que puede salvarle.
El máximo exponente de esta pesimista visión del poder y la sociedad que Orwell tenía, lo encontramos en su obra maestra 1984.
Esta novela, e intento no destripar nada, nos habla de una Inglaterra futura gobernada por un régimen absolutista hipotético, impuesto por un partido socialista llamado Ingsoc. Sin embargo, el narrador hace hincapié en que el Ingsoc no es realmente un partido socialista, sino que carece de ideas; su carga ideológica es nula, limpia, sencillamente es una ingeniosa maquinaria perfectamente engrasada para cumplir un objetivo: obtener el poder absoluto.
Yo, personalmente, creo que los ciudadanos de hoy tenemos mucho que aprender de las tesis expuestas por Orwell. Un ejemplo cercano lo tenemos, por ejemplo, en España. En este país la tarea de gobierno recae, de forma rotativa, sobre dos grandes partidos: el PP y el PSOE. Podría decirse que se turnan para administrar la nación.
Según la propia consideración que de sí mismos hacen los partidos, cada uno de ellos es una organización política que tiene, como fin último, conseguir el máximo bienestar y prosperidad para los españoles.
No obstante, si lo miramos a través del prisma orwelliano, comprobaremos que no es así. Comprobaremos que PP y PSOE son, en realidad, dos máquinas destinadas a conseguir el poder, y todo lo que él conlleva: dinero y prestigio. PP y PSOE no son, según la visión presentada en 1984, sino dos grandes empresas cuyo negocio es España. Podríamos decir que equivalen a Coca-Cola y Pepsi: dos mastodontes comerciales dedicados al mismo sector (el de la cola en este caso) que son incapaces de imponerse el uno al otro pues ambos son descomunales.
Así es como lo vería, seguramente, George Orwell si pudiese contemplar el actual panorama español. Y no variaría mucho si se fijase en Francia, Estados Unidos o Japón en lugar de en nuestro país.
Pero si seguimos examinando el tema desde una perspectiva cercana a lo distópico, vemos que PP y PSOE continúan pareciéndose peligrosamente al Ingsoc. ¿Por qué? En la novela, leemos cómo el Ingsoc encarcela, tortura y asesina; la población pasa hambre; hay guerras; los trabajadores son explotados hasta la extenuación. Pero nadie se molesta, nadie hace nada. El Ingsoc lo tiene todo bien controlado. ¿De qué manera? En primer lugar, utilizando los métodos tradicionales: policía secreta, detenciones, interrogatorios, torturas... Pero aparte de ello, este imaginario partido único tiene otra estrategia: la manipulación incruenta. Es decir, el control de la población a través de la propaganda y otras herramientas.
Uno de los aspectos en que más hincapié hace 1984 es en la manipulación de la historia. Los hechos ocurridos en el pasado son reinterpretados y reescritos a voluntad por los cerebros del Ingsoc, censurándose libros, revisándose diarios, retocando fotografías. Algo ocurrió si el gobierno lo aprueba, y no sucedió lo que pueda perjudicarlo.
Esto nuevamente nos sirve como ejemplo de algo que, tristemente, es bien real en nuestro mundo. En España el campeón de esta lamentable disciplina es el PP. Como prácticamente todos los organismos de poder, tiene la noción de que la historia le pertenece, y puede moldearla a conveniencia según sus intereses comerciales - o políticos, para ellos es básicamente lo mismo -.
Un ejemplo clarísimo es el caso del enésimo "proceso de paz" planteado por el gobierno de España, en este caso, el realizado por Zapatero. Aquí el PP se cubrió de gloria, pues Zapatero había poco menos que vendido España al terrorismo, mientras que Aznar, nueve años antes, no había negociado a su vez con los etarras. Pero lo hizo. Autorizó contactos con el "Movimiento Vasco de Liberación Nacional" - según sus palabras - así como acercó presos a la Península. Él lo hizo, según la realidad. Pero, ¿qué importa la realidad? Nada, podemos cambiarla. Por eso no lo hizo. El PP, atendiendo a sus intereses, así lo determina y así es, entonces, como oficialmente fue.
Probablemente el mayor mecanismo de control de que el Ingsoc dispone, junto con la policía política y la manipulación de la historia, sea la reconstrucción del idioma a voluntad. Este concepto es sin duda uno de los mayores aportes de la novela a la cultura mundial: la neolengua.
La neolengua es una lengua ideada por el Ingsoc, cuyo objetivo es crear una simplificación extrema del inglés. De esta manera, se eliminarán o replantearán las palabras adecuadas, facilitando que el propio idioma no sirva para expresar ideas contrarias al partido. Es, por así decirlo, la conversión del inglés en un mecanismo de embobamiento total.
Un gran ejemplo - traducido a castellano - es la palabra "nobueno". No tiene nada que ver lo "malo" con lo "nobueno". La palabra "malo" va cargada de información, de matices. Nos dice que una persona, por ejemplo, ha hecho algo que no es bueno. Sin embargo, "nobueno" tiene un significado distinto. Alguien "nobueno" no tiene porque haber hecho algo malo, sencillamente, no es bueno. Parece poco importante, una nimiedad, esto de la neolengua. Pero atiendan a su reflejo en el mundo real y comprueben hasta que punto la manipulación del idioma puede ser una poderosísima arma.
El liderazgo en este terreno, en España, lo ostenta el presidente Zapatero y su partido, el PSOE. La corrección política, por ejemplo, busca precisamente eso. Eliminar los conceptos que puedan ser dañinos para el orden establecido. Todo aquel elemento que represente un descontento, una crítica, representa a su vez un deseo de cambiar las cosas. Y esto, amigos míos, es nobueno. Hablando en neolengua, podemos decir que para los políticos es incluso doblemásnobueno (terrible). Analicemos algunas palabras de la particular neolengua que se está construyendo actualmente en España.
Plural. Esta palabra la leemos y oímos hoy en día hasta en la sopa. El gobierno presume de ser "plural", se busca la creación de una sociedad "plural", incluso un moderno periódico, de corte periodista, presume en su título de ser El Plural. Pero, ¿qué es plural? Plural es "nosotros", es decir, un grupo, una comunidad, un todo. Esto no es de por sí malo, pero sí lo es en el sentido que, solapadamente, le dan los políticos. ¿No debería una sociedad verdaderamente inclusiva, igualitaria y próspera buscar la protección de lo "singular"? ¿Es decir, del "yo", del dercho de todos a ser únicos, a ser lo que somos? No, hombre no. Seamos plurales. Pero plurales como las ovejas: idénticos, sumisos, un tranquilo rebaño andando a donde nos digan y sin rechistar. Tenemos aquí al "plural" como la ejemplificación lingüística de lo que los políticos pretenden, es decir, que la sociedad se personifique, que se convierta en un único individuo modoso, que piense una sola cosa: la que les convenga. Así será más fácil controlarnos.
Este es sólo un ejemplo de la neolengua real. Pero existen toda clase de palabras y expresiones distorsionadas, con significados ocultos, que nos transmiten su nocivo mensaje sin que nos demos cuenta de tanto como se repiten. Por ejemplo, tenemos la frasecita acuñada por Aznar: pasar página. Así se propugna que el pasado, pasado es, que si en otros tiempos hicimos cosas deleznables, ¿qué más da? Hay que mirar hacia alante. Se hace también así apología de la idiotez, porque cuando yo leo un libro, aunque pase una página no se me olvidan las anteriores. A los políticos parece que sí.
Otro dicho popular moderno, favorito del señor Zapatero, es que hay que "respetar las reglas del juego democrático". En estas palabras el presidente está admitiendo de qué forma dirigen los políticos nuestro destino: en base a unas reglas preconcebidas, tú haz esto que yo haré lo otro, robo aquí para que tú puedas robar allá y nos tapamos todos, y no rechistes que entonces estás "violando las reglas"; porque para los dirigentes, la política es una partida de póker.
Otro ejemplo lo tenemos en la sustitución de "igualitario" por "paritario". Mientras la igualdad iguala - valga la redundancia - a las personas en derechos, la paridad lo hace también en número. Esto provoca una desvirtuación de la labor política, pues ya no se valora a los gobernantes sólo por su inteligencia, sabiduría y justicia, sino por su sexo. ¿El motivo? Ganar votos favoreciendo a ciertos lobbys mediáticos o sociales.
Otra triste sustitución ha sido la de la palabra "caridad" por "solidaridad". Este ejemplo es uno de los más neolingüísticos, pues una palabra concreta ha sucumbido ante otra de parecido significado. Sin embargo, no son iguales, pues la solidaridad es dar algo y recibir a cambio; mientras que la caridad supone dar sin esperar nada.
Podría escribir páginas y páginas sobre estas palabras, pero prefiero acabar con un último ejemplo; el que más aborrezco y el que, sin embargo, es mi preferido por encajar a la perfección en el concepto de neolengua. Tolerar por respetar. ¿Cuál es la diferencia? Respetar es "aceptar o acatar" algo que es distinto a lo nuestro; mientras que tolerar supone "aceptar algo que se tiene por ilícito".
Tenemos que observar hasta qué punto es significativa la continua utilización de esta palabra por la clase dirigente. Hasta dónde representa su concepción de las cosas y su manera de gobernar. Nos piden que seamos "tolerantes" una vez tras otra, y acusan de "intolerante" al que no acepte la diferencia. Pero es que, amigos míos, ser intolerante es bueno. Es más, debemos ser absolutamente intolerantes. Porque tolerar es aceptar lo malo. Por ejemplo, aceptar la ablación islámica es ser tolerante. Aceptar que adultos mantengan relaciones con menores, también es ser tolerante. Porque estamos aceptando algo malo.
No es lo mismo que respetar. Yo puedo respetar la forma de vestir del otro, su religión, una cultura diferente a la mía, siempre que se enmarque dentro de ciertos patrones éticos. Pero cuando se sale de ellos, y pasa al terreno del maltrato, la opresión o la violencia, ya no respeto, tolero. Así es como debiera contestarse a todos los teóricos del relativismo que una vez tras otra nos hablan de tolerancia mientras, hipócritamente, condenan la explotación de la mujer o la falta de libertades.
Todo lo aquí expuesto es cuanto deberíamos tener en cuenta a la hora de valorar nuestra situación y nuestro futuro. Orwell lo dejó todo expresado en su fabulosa obra; nos explicó lo que puede ocurrir. Y nos dio un gran consejo: cuidemos nuestro idioma, pues es el único arma que tenemos para proteger nuestras ideas.

9.12.08

Que nos pille confesados

En mi localidad hay un vecino que, desde hace años, es alcohólico. Le llamaremos José Luis. José Luis era un hombre corriente, pero un accidente de tráfico le obligó a dejar de trabajar y desde entonces frecuenta demasiado los bares. Es lo que se ha llamado siempre un bala perdida.
José Luis no suele causar problemas. Hay quien dice que estuvo preso por malos tratos, pero eso yo no lo sé porque no le conozco en profundidad. El asunto es que este hombre normalmente se dedica a deambular por calles y parques, borracho, pero sin molestar a nadie.
No suele causar problemas, pero de vez en cuando se le va la pinza y da el numerito. Hoy, concretamente, he pasado ante la puerta del Ayuntamiento cuando volvía a mi casa. Él estaba frente a la oficina de policía. Estaba diciéndole a uno de los uniformados: "ten mucho cuidado conmigo. ¿Pero tú qué te has creído? ¡Tú a mí me dejas en paz!".
José Luis ha hecho varios ademanes de irse, pero a los pocos pasos se daba la vuelta y exclamaba: "¿Sabes qué te digo? ¡Que a mí un mierda no me dice nada! Porque eso es lo que eres: ¡una mierda pinchá en un palo!"· El agente le escuchaba en silencio.
No sé qué reyerta habrá tenido José Luis con el guardia, pero no escatimaba en amenazas: "¡Mucho cuidado conmigo! ¡Y si no te lo crees, te lo diré mañana! Que yo te conzoco, sé quién eres, y si no me crees, espérate y verás lo que te pasa."
Finalmente José Luis se ha marchado de allí y se ha dedicado a cortar el tráfico de una de las calles colindantes. Se plantaba en medio de la calzaba y se quedaba allí, increpando a los conductores. La policía no ha aparecido. Los automovilistas han tenido que esperar hasta que él ha querido irse.
¿Qué puedo decir sobre esta escena? Que más o menos conozco a este hombre, en el sentido de que sé quién es y sé que no suele causar problemas, y yo no lo consideraría peligroso. Pero mi pregunta es: ¿es de recibo que ningún hombre hable así a la autoridad y se vaya tan pancho? Muchos me corregirán diciendo que la policía local tiene sus poderes muy limitados. Yo no sé si a este hombre se le podrá meter en la cárcel por este pequeño escándalo; pero sin ser abogado, si sé que lo que él ha hecho ha sido incurrir en un delito de desacato a la autoridad, lo cual es grave.
Creo en los Derechos Humanos por encima de todo. Pero también creo que tienen un límite: los de cada uno acaban allá donde empiezan los del prójimo.
Digo esto porque normalmente se utilizan los Derechos Humanos como excusa para defender a delincuentes, ladrones y asesinos. Se ha llegado a confundir esta inviolable declaración con una especie de garantía para el "todo vale". En el momento en que la policía utiliza la fuerza para apresar a aquel que se resiste, muchos entienden que se están violando los Derechos Humanos.
Yo creo que eso debe decidirlo un juez y que la policía, sencillamente, está haciendo lo que debe hacer: imponer la ley y el orden en las calles. ¿Por qué los derechos de unos son mayores que los de otros? Cuando tanto se parlotea diciendo que aquí o allá se están violando los derechos de éste y el otro, refiriéndose a convictos peligrosos, yo no dejo de pensar: ¿y aquel a quien mató, no tenía derecho a la vida? ¿Aquella chica a la que violó, no tenía libertad sexual? ¿Su mujer no tenía derecho a la integridad física cada vez que la vapuleaba? ¿No tenemos todos derecho a un entorno en orden y a la paz, cuando un tipo ebrio o drogado llega a una plaza y se dedica allí a montar un escándalo público? ¿No está la policía precisamente para reprimir los excesos donde los haya, para neutralizar el libertinaje y garantizar así la libertad?
No sé cuál será el motivo para que el agente haya dejado que José Luis se marche sin más, y provoque luego un peligroso tapón en el tráfico. Tal vez sea verdad que sus poderes están limitados, que la policía local sólo está para regular el tráfico. No lo sé. Quizá sea lo que temo, que sencillamente este hombre no estuviese hecho para el uniforme. José Luis es un tipo de aspecto desaliñado, cara demacrada. Te cambiarías de acera si lo vieras por la calle. ¿Qué habría ocurrido si en vez de ser él, con su amenazante apariencia, hubiese sido yo, un joven común y corriente? ¿Lo habría dejado correr el policía, o estaría yo durmiendo a la sombra? Quién sabe.
Espero equivocarme, porque José Luis es sólo un borracho que lo único que hace es molestar. Pero si éstas son las fuerzas de seguridad que deben protegernos de terroristas y asesinos... que Dios nos pille confesados.

8.12.08

¿Desarrollo? No, gracias

Por qué poco no somos los españoles punteros en algo; ya que podríamos contar con la más corrupta clase política de Europa Occidental, si no fuera porque los italianos - a mi juicio - nos sacan una considerable ventaja en este terreno.
La última bofetada que nuestro desgobierno ha dado a la razón y al progreso no es una cruzada contra ese enemigo oscuro, bárbaro y machista que es el idioma, sino contra algo más peligroso aún: la correcta formación de los futuros profesionales. Les hablo de la futura "remodelación" que la administración de Zapatero ha planteado sobre la carrera de Ingeniería Informática.
Básicamente lo que va a hacerse es disolver dicha ingeniería, pasando sus actuales titulares y estudiantes a ser licenciados en "nada". El nicho laboral que va a resultar de la pérdida de estos trabajadores especializados como tales, lo suplirán en el futuro otros profesionales de menor formación que ostentan títulos de Grado Medio y Superior en Informática; es decir, FP.
¿Esto qué significa? Significa que las necesidades técnicas en lo relativo a la informática que tanto la empresa privada como las instituciones públicas de este país necesiten, serán solventadas en su totalidad por personas sin formación suficiente. Durante algunos años, los ya licenciados desempeñarán estas tareas ostentando un título, no obstante, inferior al suyo - y por tanto un sueldo igualmente inferior - pero los informáticos del futuro ya no dispondrán de su nivel de conocimientos ya que, a partir del próximo curso, quien quiera dedicarse a los ordenadores en España tendrá que conformarse con un módulo o pagarse una universidad privada.
Lo más grave de esta triste noticia es, en primer lugar, la poca difusión que ha tenido en los medios y, en general, lo poco que ha calado socialmente. Aunque los informáticos están haciendo lo posible porque la injusticia que sufren se conozca, son pocas las informaciones al respecto e incluso podemos ver aquí y allá opiniones que quieren quitar hierro al asunto.
En Barrapunto, por ejemplo, nos tranquilizan diciendo que "la Ingeniería en Informática no va a desaparecer, sólo seguirá sin tener atribuciones profesionales específicas". Bueno, esto no es tan grave, ¿no? Sencillamente, lo que va a ocurrir aquí es que alguien que antes era un ingeniero, ahora será técnico superior, o incluso técnico a secas. No hay que ser catastrofistas, no. La cosa es de lo más normal, apesta a normalidad. Sencillamente, tú ya no eres ingeniero, eres técnico. Vas a cobrar menos, vas a tener menos salidas profesionales. No seas catastrófico, en vez de eso sé un borreguito bien educado y jódete sin molestar a nadie. Desgraciadamente, ¿por qué no decirlo?, esto es bastante normal. Por desgracia, España apesta a normalidad cuando la normalidad se parece a la estupidez, la ignorancia y lo medieval.
No sólo es una cuestión de sueldo, al menos para la gente afectada. Es una cuestión de su futuro profesional, ya que nunca podrán aspirar a ciertos puestos de responsabilidad ya que su nivel formativo no es el adecuado. Esto provocará que los pocos núcleos de innovación tecnológica presentes en el país continúen mudándose, cada vez más aceleradamente, al extranjero. Tampoco podrán conformarse con una fuga de cerebros, ya que en otros países europeos, a causa de las reformas españolas, no serán más que simples técnicos. Y si nuestra enseñanza universitaria autóctona es ya deficitaria en comparación con la de nuestros compañeros de la Unión, no vale la pena ni hablar de lo referente a la Formación Profesional - que a efectos prácticos, será la formación recibida por las víctimas de esta remodelación -.
Para el próximo día 18 de diciembre, el colectivo afectado ha convocado una huelga. Probablemente no les hagan caso, pero es lógico y necesario que se manifiesten. No obstante, yo digo que no deberían manifestarse ellos sino todos los españoles. Deberíamos salir a la calle y decir que ya basta de dilapidar el pilar maestro de nuestro futuro: el sistema educativo.
Porque, ¿qué es lo que está ocurriendo? Ni más ni menos, se está privatizando la universidad. Está ocurriendo lo mismo que en otros ámbitos como el tren y la sanidad. Se quiere convertir el servicio público en algo tan nefasto, tan miserable, tan desastroso que la única solución sea recurrir a la iniciativa privada. Se están entregando los entes nacionales, de los que es dueño el pueblo, a los empresarios. Suena apocalíptico, sí, y más de uno me tachará de "profeta de la catástrofe", pero, ¿a dónde vamos? ¿No nos acercamos a un futuro en que el gobierno terminará subastando universidades? ¿Es ciencia-ficción lo que temo? Yo creo que no.
No es el Plan de Bolonia el único responsable del actual descalabro educativo; todas y cada una de las anteriores reformas educativas tuvieron el mismo objetivo: convertir los centros en auténticas fábricas de zotes. Lo que se pretende aquí es sencillo: que la educación pública haga hincapié en la ineptitud, en la ignorancia, en la pobreza formativa. Así, sólo una parte de la población tendrá acceso a un nivel adecuado de preparación profesional, creando una nueva élite de conocimiento. Mientras tanto, el grueso de la ciudadanía quedará instalado en la estrechez y tendrá menos posibilidades laborales. La gente aplaudirá encantada porque dirán que se ha reducido el paro, lo cual será cierto, ya que habrá menos gente capacitada para solicitar puestos de calidad y, por contra, serán más los destinados a desempeñar trabajos basura.
Asimismo, los políticos se verán también beneficiados por la ineptitud creciente en la sociedad, que a causa del empeoramiento de la educación y otros servicios de decisivo interés público, irá quedando cada vez más adormecida. Todo forma parte del mismo proyecto terrible cuyo fin último es reducir al ciudadano a la mínima expresión, a una simple ameba con dos funciones únicas: producir y consumir. ¿Pensar? Eso no entra en el lote.
El recorte paulatino y disimulado de derechos, la alienación - a través de nuevas e inusitadas estrategias -, el embobamiento de los medios, la privatización de las necesidades básicas... Todo ello está contribuyendo a que nuestra cultura sea cada vez más primaria, más básica. Más destinada al servicio del dinero. Cada vez más somos considerados meras herramientas para la consecución de poder y riquezas.
En el caso concreto de la Ingeniería Informática, el problema no es sólo grave a nivel moral. No sólo estamos permitiendo que se devalúe la importancia de nuestro sistema educativo. Estamos asumiendo una nueva pérdida económica para el futuro de España. Nos estamos autoafirmando en esa identidad penosa que nos ha caracterizado durante los últimos veinte años: la de un país económicamente semi-bananero.
Mientras países como Alemania, motor europeo en toda regla, basan sus finanzas en la industria pesada y la alta tecnología, España tiene como arma secreta un estupendo y bien acabado ladrillo. La ciencia, la investigación y el desarrollo aquí no interesan. ¿Para qué invertir en la instrucción de profesionales capaces de ofrecer soluciones informáticas de calidad para que sirvan a nuestra industria? ¿Para qué pensar en ordenadores, esos trastos que tienes que estar todo el rato leyendo, pudiendo ver la tele mientras se construyen unos cuantos megabloques de pisos?
En definitiva, como dijera, estamos a la cabeza de Europa en desvergüenza política. Y digo esto porque no puede ser tal despropósito si detrás no hay algún tipo de interés. Para mí está claro. Al empresario no le interesa que un ingeniero sea un ingeniero. Prefiere una persona con conocimientos de ingeniero a la que pueda pagar dos veces menos. Con esta idea en la cabeza llama a la puerta del gobierno - de Zapatero, en este caso - y le dice: "quiero que esta gente me salga barata, ¿con cuánto te unto?"

3.12.08

De nombres


Hace aproximadamente un año, el programa Tengo una pregunta para usted, de Televisión Española, fue escenario de una pequeña polémica de tema lingüístico. Un joven castellano-leonés llamaba José Luis al secretario general de Esquerra Republicana de Catalunya, Josep Lluis Carod-Rovira, con el consiguiente enfado de éste, quien regañó al muchacho diciendo que se llama "Josep Lluis aquí y en la China".
El joven se defendió con un argumento, a mi juicio, absurdo: "discúlpeme, pero es que yo no sé catalán". Una poco hábil intentona de maquillar las verdaderas razones por las que llamó José Luis a Josep Lluis. Este muchacho tal vez no sepa inglés, pero estoy seguro de que jamás llamaría Jorge al presidente norteamericano George Bush, ni se referiría al famoso cantante Michael Jackson como Miguel.
¿Por qué esta fea disputa? ¿Por qué empeñarse en vivir instalados en la ignorancia y la incultura? ¿Por qué rechazar una de las más inmensas riquezas culturales de este país: sus numerosos idiomas?
Debo decir, en primer lugar, que pocos políticos del actual panorama despiertan tanto mis antipatías como el citado Carod-Rovira. Pero una cosa no se puede negar; aquella noche, en aquel momento, tenía toda la razón. Más razón que un santo. "No, no, es que no hace falta entender catalán, yo me llamo Josep Lluis". Esto es cuestión de sentido común, de tener dos dedos de frente. Aquel joven castellano-leonés lo sabía, pero su empecinamiento le obligó a manteners en sus trece y terminar diciendo "bueno, pues Carod-Rovira, como quiera usted llamarse". A esto el catalán, cargado de razón, responde: "no, no como quiera llamarme, como me llamo."
Como decía, a mí este dirigente me causa de todo, menos simpatía. Pero a veces uno debe mirar más allá de sus opiniones, no valorar una escena sólo por lo que opine de uno u otro hombre implicado en ella, sino buscar la realidad y la razón y señalarla si se la encuentra.
Yo me llamo Javier. Me pregunto cómo me sentiría si yo, por algún azar del destino, fuera entrevistado en una televisión italiana y se me dijera: "Yo quería preguntarle, don Saviero..."; "no, disculpe - replicaría yo - mi nombre es Javier. Me llamo Javier"; "Bueno, disculpe, es que no entiendo español". Y es aquí donde yo comprendo al señor Rovira, porque, bastante molesto, mi respuesta sería: "Me importa bien poco los idiomas que usted sepa. Mi nombre es Javier." Y cuál sería mi molesta si el italiano, empeñado en su tozudez simplona e ignorante, me dijera: "Bueno, pues Solera, como le apetezca a usted llamarse..." Me llamo Javier. Así me bautizaron, así lo decidieron mis padres. Y no es un capricho que me de a mí la gana. Es mi nombre. Y ni un italiano tiene porqué llamarme Saviero, ni un polaco me debe llamar Ksawery por mucho que en sus respectivos idiomas el nombre, históricamente, haya derivado en eso.
Algunos dirán que no es lo mismo, porque Italia es un estado diferente, mientras que Cataluña forma parte de España y, por lo tanto, en ella se habla español. Cierto. Tan cierto como que Cataluña, felizmente, es una región bilingüe. Pero no los nombres tienen porqué ser bilingües. Pretender negar eso es pretender negar la realidad que las personas son. Mi realidad pasa porque me llamo Javier, y por mucho que a un vasco le diera la gana, nunca me llamaría Etxeberri. Tampoco me llamaría Xabel aunque el capricho viniera de un asturiano, ni sería Xavier en Galicia. Siempre seré Javier. ¿El motivo? Yo respeto y entiendo que en esas comunidades existan esos idiomas, es más, lo aplaudo. Pero no dejo de llamarme Javier. Como dice Rovira, "aquí y en la China".
Lo que vemos en este programa, es el resultado de un enfrentamiento territorial que se lleva arrastrando siglos. Este enfrentamiento tan absurdo se refleja hoy, más que en otras cosas, en el más absurdo de los resultados posibles: el enfrentamiento lingüístico. Entender lo que es un idioma es sencillísimo, pero hay gente que, víctima del adoctrinamiento de los medios, no puede verlo. Un idioma es algo vivo, algo que forma parte del ser humano. Un idioma es tan natural en el hombre como las manos, los pies o el peritóneo. ¿Qué sería un ser humano sin comunicación? Incluso alguien privado de su capacidad de habla, sigue viviendo en base a su capacidad de comunicarse, a su idioma específico, aunque sea distinto del idioma verbal.
Gracias a los medios, que tan bien se ocupan de enfrentar y adormecer a la gente con debates estúpidos, muchas personas creen que el idioma es algo que se escoge por molestar, por así decirlo, por ganas de joder. En el caso de Cataluña, para mí no es difícil entender que un grupo de gente, cientos de miles en este caso, estén acostumbrados a hablar entre sí en una lengua que históricamente han venido utilizando. Esto hace igualmente comprensible que dicha lengua la quieran utilizar para rotular sus comercios, sus señales de tráfico, redactar sus publicaciones... Pueden utilizarla para lo que les de la gana, porque es la lengua que hablan. Jamás aceptaré que se critique a Guardiola, por ejemplo, por dar las ruedas de prensa en catalán. Si yo fuera entrenador del Valencia, por ejemplo, ¿quién podría criticarme por dar mis ruedas de prensa en castellano? ¿Acaso no es mi idioma? ¿Porqué no debo usarlo?
No obstante, como todas, esta moneda tiene dos caras. Yo puedo entender que los catalanes hablen entre sí en catalán. Ahora bien, si yo llego allí y no tengo ni idea de esta lengua, ¿porqué no deberían hablarme en castellano? Algunos argumentarían que es su lengua, que la aprenda. Bien. Pero ahora estamos ante un mero problema de buenos modales. Entendería que me dijeran esto si ellos sólo hablasen catalán. Pero no nos tomemos por tontos unos a otros; en Cataluña no hay quien ignore el castellano. Igual que yo puedo tener con un inglés la cortesía de hablarle en su idioma, porque lo domino, un catalán debería aceptar que no todo el mundo se ha criado allí, y que hay gente que no sabe hablar esas palabras. Máxime cuando perfectamente controlan la lengua común, el castellano.
Por eso, las actitudes revanchistas y represivas que algunos dirigentes catalanes mantienen sobre el castellano, merecen la más rotunda desaprobación. Hace poco, por citar sólo un ejemplo, leí que un mosso había sido suspendido de empleo y sueldo por escribir unos informes en castellano. Vergonzoso. Realmente, una auténtica cuestión de ignorancia y mala leche. Justo la conversión de los nacionalistas en algo que, supuestamente, históricamente han pretendido combatir: discriminadores.
No obstante, y atendiendo a todos los datos históricos, tengo que decir que entiendo esta postura. Después de todo, lo que los nacionalistas catalanes vienen haciendo lo han sufrido ellos durante cuarenta años de represión. Cuarenta años durante los cuales España no admitía otra cultura aparte de la castellana, ni otro idioma salvo el castellano. Años en los que este país sufrió un grave empobrecimiento cultural que hoy, entre todos, debemos remediar. Y actitudes así no ayudan. Adoptar la actitud de un idiota no lo convierte a uno ni en más justo, ni en más honorable; lo convierte en un idiota.
Como tampoco ayudan los ramalazos que aún quedan de aquella España casposa y cañí que negaba sus propias realidades, sus propios tesoros humanos. Un ejemplo significativo lo tenemos en el vídeo que preside esta entrada. En él una señora, también castellano-leonesa, aun habiendo visto la reacción de Carod ante la pregunta del anterior muchacho, vuelve a llamarle "don José Luis". "No se moleste, pero yo no me llamo José Luis", replica él. Ella, no sin cierto desprecio, se queda tan pancha diciendo que no tiene "ningún interés en aprender catalán". Pero tanto ella como él saben que esto no tiene nada que ver. Así lo matiza el político cuando sugiere que "si no han aprendido a decir Josep Lluis, pero han aprendido a decir Schwarzenegger, tienen un problema". Estoy convencido, absolutamente convencido, de que esta señora jamás se referiría al presidente norteamericano como Jorge. No hace falta ser filólogo para llamar a la gente por su nombre.

Con mi amigo no te metas, ¿eh?

Hace unos días, critiqué en una entrada el para mí irresponsable gasto que suponen las luces de navidad. En dicha entrada, enlacé a una noticia de 20minutos en la que se informa sobre el coste que estos adornos suponen para el ayuntamiento de Madrid: tres millones y medio de euros.
Por recomendación de Apolo, autor de Cine&Videojuegos, he echado un vistazo a los comentarios que los lectores de 20minutos hacen sobre la noticia. La verdad es que no tienen desperdicio por su ineludible tufo a adoctrinamiento.
El primero de ellos es uno de los más bruscamente redactados y, en mi opinión, chistoso: "Desde luego, poneis cada noticia d mierda, os pensais q descubris el mungo o yo que se.... (...) no os abeis parado a pensar que igual se debe a que sea la CIUDAD MAS GRANDE E IMPORTANTE DE ESPAÑA??? DE AHÍ QUE SEA LA CAPITAL....". Las negritas son mías. Las faltas ortográficas no. De este comentario no me ha llamado la atención el dogmatismo exacerbado, sino la cuando menos curiosa afirmación de que Madrid es la capital de España porque es la ciudad más grande e importante. ¿No será más bien la mayor urbe gracias a su condición capitolina?
Pero los mensajes más o menos preocupantes serían los que dejan perlas como: "Que pasa por que gaste mas? Será porque puede y merece el gasto, vaya $ociatas sois"; "(...) que ganas tiene esteperiodico de buscar las tres patas al gato. Lo gracioso es que se nota que no teneis argumentos solidos contra la gestion del PP en madrid, y lo unico que encontrais son estas chorradas ja ja. (...)"; "(...) La redacción de este periódico es patética, por denominarla de alguna manera. (...) Y el sectarismo que destila es ofensivo. (...)"; "esto es envidia, no?, si ponen bombillas porque las ponén, si no tambien os quejais, el caso es criticar, os jode que Madrid esté bonita? (...)". Sólo son algunos de ellos.
Los textos anteriores corresponden a los comentarios más incendiarios, intransigentes e inmovilistas. Merecen mi respeto - aunque no comparta la opinión vertida - otros escritos de manera más respetuosa, como por ejemplo: "(...) no dicen que este año el coste ha sido mayor por la compra de leds, que ahorran más del 70% de energía, y que podrán ser utilizados otros años (...)"; "(...) hay muchas mas noticas en el mundo mas importantes, por favor (...)"; "(...) quejarse porque Madrid es la primera Ciudad de España en gasto de luces navideñas son ganas de enredar".
No obstante, no son estos comentarios sobre los que quiero hablar. Los correspondientes al segundo extracto son mensajes educados, que simplemente expresan una opinión con la que no estoy de acuerdo. Los que me dan qué pensar son los del primer extracto. ¿Por qué?
20minutos puede ser lo que quiera el público. Algunos lo considerarán un medio más o menos fiable, mientras otros lo tacharán de afín al PSOE. Esto no es raro, ocurre absolutamente con todos los diarios de este país. Unos y otros son etiquetados como cercanos a tal o cual partido, y ninguno es considerado neutral. Pero lo grave es cuando la pura posición de un ciudadano, como votante, se convierte en fanatismo básico y visceral.
Que yo sepa, en la citada noticia simplemente se informa sobre un gasto presupuestario del Ayuntamiento de Madrid correspondiente a los adornos navideños. Podría ser mucho más reaccionario, por ejemplo, si hiciera hincapié en el caracter confesional de este gasto (se están dedicando millones públicos a una celebración cristiana). Es cierto que el artículo en cuestión menciona las críticas que la medida ha sufrido por parte de los grupos ecologistas. Sin embargo, ¿no forma parte esto de la labor informativa? ¿No debe un periódico hacer saber lo que hay, así como las diferentes posturas al respecto?
En opinión de todos estos comentaristas, no. De alguna manera, la gente ha llegado a un extremo de dogmatismo, de adoctrinamiento, que simplemente quieren ver en todo un ataque al líder, una ofensa, un agravio; se consideran no ya ciudadanos, sino soldados al servicio de una autoridad que para ellos roza casi la divinidad, y a la que deben defender a toda costa.
¿Quién puede opinar negativamente sobre el PP sin que se le acuse de enemigo de la patria, anticatólico, abortista e incluso proetarra? Pero no se libra nadie, no: ¿acaso podemos criticar al PSOE sin ser tachados de falangistas, xenófobos, homófobos, machistas o neonazis? ¿No fueron etiquetados como "pancartistas" todos quienes se opusieron a la Guerra de Irak? ¿No se tacha de ultramachistas a quienes se oponen a la ampliación del aborto en España?
En definitiva, esta es la España que yo veo y que yo temo. Una España en la que los ciudadanos no son ya tales, sino agentes especiales al servicio de los grandes poderes. Unos defenderán al PSOE, otros al PP, otros a la Iglesia Católica... Qué ironico. No nos basta con que se lucren a nuestra costa, a costa de nuestro trabajo, nuestro dinero. No nos basta con pagarles sus millonarias jubilaciones, sus opulentas posesiones faraónicas, corruptas. No nos basta ver cómo comercian con nuestras ideas, con nuestros derechos. Encima les defendemos, les aplaudimos, estamos dispuestos, casi diría yo, a partirle la cara al prójimo en cuanto se meta con ellos.
Es triste, lamentable. Será probable incluso que a alguien ofenda este artículo. Y soy generoso, sí, porque he abierto las puertas a todo el que quiera insultarme. Como critiqué al PP, quizá me digan que pertenezco a una logia cátara y que la visión de un crucifijo me produce ampollas. Pero también hablé del PSOE, por lo que alguien dirá que soy un adicto a los pasodobles y además hincha del Madrid. Una pena.
De todos los comentarios vistos en 20minutos, me quedo con éste: "Leyendo la mayoría de estos comentarios uno percibe que este país esta enfermo (...)".

1.12.08

Persecución lingüística

Hoy en día resulta habitual oír acerca de la supuesta persecución lingüística en Cataluña. En mi opinión, no es falso que exista una cierta discriminación por razones del idioma en esta comunidad. Pero yo no llegaría a considerarlo persecución lingüística, ni mucho menos limpieza étnica.
En raras ocasiones esta discriminación llega, por así decirlo, a las manos; esto es, no suele traducirse en discriminación laboral, violencia ni coacción jurídica. En mi opinión - espero no equivocarme - generalmente esta discriminación se traduce en chulerías de tú a tú entre personas con opiniones diferentes.
Para afianzar mi confianza en el castellano, diré que no me parece probable que nuestro idioma, el segundo más hablado del mundo, sucumba ante otra lengua en su propia cuna, la Península Ibérica. Por otro lado, me parece también plausible cualquier protección del catalán, ya que yo considero un orgullo la variedad lingüística de este país; algo de lo que deberíamos alegrarnos por su valor cultural, y por lo que sanamente deberían envidiarnos otras naciones. No entiendo que a alguna gente le moleste escuchar palabras distintas. A mí me resulta agradable.
Pero el castellano, lamentablemente, sí sufrió persecución lingüística, y es algo que desde aquí quiero denunciar. No fue ni en Cataluña ni en el País Vasco, ni en Galicia. Fue una persecución lingüística real y terrible, que casi acabó con la presencia del idioma allá donde se realizó. Les hablo de Filipinas.
Este país, conquistado por los españoles en el siglo XVI, tuvo la lengua de Cervantes como franca hasta bien entrado el siglo XX. Su sistema de educación pública se sostuvo en nuestro idioma, al igual que su primera Constitución se redactó en él y fue oficial durante la Primera República. Tuvo también una importante influencia sobre el tagalo, actual idioma oficial junto con el inglés. La inmensa mayoría de los ciudadanos tienen nombre y apellidos españoles. Incluso su moneda tiene nombre castellano: peso filipino.
No fue hasta la pérdida de la isla por España y el comienzo de la dominación norteamericana cuando las cosas se torcieron para nuestro idioma en la tierra malaya. Concretamente hasta 1973, cuando perdió su oficialidad.
Los americanos, para afianzar su poder en el país, efectuaron una meticulosa represión contra cualquier forma de nacionalismo, no sólo de corte nativo sino también hispánico. Las autoridades estadounidenses promovieron el inglés como lengua de educación y gobierno, e incluso forzaron su uso. Aunque gran parte de la literatura autóctona siguió escribiéndose en español, éste no pudo aguantar el empuje de la lengua germánica y sucumbió para pasar a hablarlo sólo un tres por ciento de la población.
Tras la marcha del gigante americano y la independencia, fue el tagalo, y no el español, el que se encumbró como gran idioma insular. Esto es comprensible y loable, pues es de celebrar que sobrevivan y prosperen las lenguas nativas, privadas de su territorio natural por los imperialismos. Pero esto no es motivo para que Filipinas ni ninguna otra nación, rechace la riqueza enorme que a nivel cultural supone el uso del castellano. Esto sin contar con que, si esta isla lo utilizase de manera homogénea, se conectaría con la comunidad de hablantes más extensa de la Humanidad.
Filipinas pudo ser el segundo país hispanohablante más poblado del mundo; actualmente, según fuentes más o menos optimistas, tan sólo dos millones y medio de habitantes, de los noventa totales, lo conocen.
La presidenta filipina, Gloria Macapagal-Arroyo, ha prometido promover el aprendizaje del castellano en su territorio, llegando a solicitar al Gobierno español que colabore para oficializarlo de nuevo en Filipinas. Este sería un paso de gigante para la recuperación del idioma, dentro de lo posible, sobre todo si observamos el triste dato de los actuales veinte mil estudiantes. Ayudarían también medidas más arriesgadas como la inclusión de Filipinas en las Cumbres Iberoamericanas, tal como esta nación lo ha solicitado, atendiendo a su pasado histórico de hermandad con todas las culturas hispánicas.
En mi opinión, el caso de Filipinas fue un flagrante caso de persecución lingüística, y se hace necesaria la actuación de los gobiernos hispanohablantes, el español en primer término, las autoridades filipinas e instituciones como las Academias de la Lengua Española o el Instituto Cervantes para que la lengua ibérica vuelva a escucharse en las islas asiáticas, haciendo aún más grande y cercano el sueño de una cultura hispánica unida y próspera.

No quiero ser historia

Expresar claramente posturas políticas es algo que nunca me ha gustado, tal vez por miedo a que me impongan una etiqueta. Tampoco me gusta tratar temas de rabiosa actualidad, porque prefiero opinar en frío y, además, creo que cuando un tema es devorado por el "ahora" mediático, en pocas horas queda poco que no haya sido dicho.
Pero me siento en la necesidad de exponer mi opinión sobre un tema que, a pesar de haberse abierto setenta años atrás, sigue estando en boca de todos. Ya saben de qué hablo: de la Guerra Civil.
Es mi opinión que España, como la potencia europea que es, debe ponerse a la altura cultural de sus compañeros de continente. Y creo que eso es algo que no hemos hecho aún.
No hemos sido capaces aún de asumir que una guerra es una guerra, un momento en el que la gente muere, es asesinada. Aún muchos creen que una guerra, o en este caso nuestra guerra, es algo que unos u otros inventan o dejan de inventar para molestarse entre sí.
Aunque no es así siempre, creo que esta postura responde a un claro resultado de adoctrinamiento político. La gente perteneciente a la "progresía" de este país aún se llena la boca diciendo que aquel es un fascista, mientras que los "conservadores" siguen creyendo en un mundo donde algunos muertos no valen nada porque, supuestamente, eran unos rojos o unos ateos.
Las comillas no son gratuitas, en absoluto. Las pongo porque creo que esta gente de la que hablo - que gracias a Dios no es toda la gente - no cree en absoluto ni en la progresía ni en el conservadurismo. Simplemente han heredado de sus padres y abuelos ciertas creencias, desvencijadas por los años, sin digerirlas, sin entenderlas; o han sido infectados por esos peligrosos virus que los medios de comunicación, de uno y otro bando, extienden día a día entre la población.
Yo no creo que, en el mayor de los casos, el caído por Dios y por España, asesinado por las hordas rojas, sea ni un facha ni un camisa azul. Sencillamente era un hombre. Un hombre en el lugar equivocado, en el momento erróneo.
Tampoco creo que el hereje miembro de las hordas rojas fuera un comunista masón devorador de niños, al que surgían cuernos y rabo cada vez que veía la cruz de Cristo. Sencillamente era un hombre. Un hombre en el lugar equivocado, en el momento erróneo.
Creo que España debería saber implantar su civilización, implantarla en las cabezas de sus gobernantes y en las nuestras propias. Debería saber diferenciar entre las ideas, más o menos preconcebidas, y la vida y la muerte, la violencia, el honor y la dignidad humanas.
Normalmente, cuando converso con alguien sobre este tema, me dice que "es historia". Aún hay personas que vivieron la matanza. Y aún son millones los que crecieron bajo dominio franquista.
Cuando yo cumpla noventa y cinco años - si tengo esa suerte - me ofenderá que alguien me considere historia. Historia en mi opinión, son huesos. Pero los huesos, aunque ahora sólo sean eso, también pueden tener hijos, y nietos, y viudas. Puede ocurrir. ¿Es historia? ¿Las personas que respiran son historia? Yo no lo creo.
Me ha escalofriado especialmente escuchar unas declaraciones de Pablo Casado en las que criticaba a la gente de izquierda porque "están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no sé quién...".
A mí esto ya no me parece una declaración política. Me parece una declaración sobre las personas. "La guerra del abuelo". ¿Qué es el abuelo para España? ¿Es un hombre? ¿No es una persona que lleva sobre sus hombros el peso de la historia? ¿No es alguien a quién todos debemos el poder estar aquí, respirando, comiendo cada mañana, viviendo bajo un techo? Para mí, un abuelo es eso. Para otros es historia. Sobre "las fosas de no sé quién"... qué puedo decir. "No sé quién" algún día fue una persona cuyo corazón latía. Una persona que nació, fue niño, creció, se casó, tuvo hijos... Una vida entera. Algún día, ¿yo también seré "no sé quién"? ¿Eso seré para los hombres del futuro? ¿Un nada, un coso, una miaja de polvo? Me da miedo pensarlo. Por eso hoy quiero recordar a todos los "no sé quién" del mundo. A todas las personas que un día vivieron. Si no pensamos en el pasado, ¿qué quedará de nosotros en el futuro?
Tengo miedo de que una parte de España caiga presa de los falsos profetas. Que tanta gente siga pensando que la vida, la muerte y la sangre tienen color político. Las tripas no saben nada de grandes palabras. Los tiros los dispara el miedo. Nada más.
Pero, sobre todo, tengo miedo de que España no sepa asimilar su pasado, guardarlo, atesorarlo y mirar al futuro. Supongo que, en cierto modo, todo esto responde también a la política que, cada vez más, está adoptando nuestra sociedad con respecto a los ancianos. Cada vez más se les considera trastos inútiles. Casi se diría que ni existen. Se les aparta de la realidad, se les amontona en esos almacenes de muebles viejos que hemos construido para ellos. "La guerra del abuelo", sí. El abuelo tiene un cerebro también. Piensa. Existe. Pero no lo parece. Y como no lo parece, algunos deciden que no es.
Como ejemplo final de lo que hablo, incrusto el vídeo que preside este artículo. Las opiniones vertidas por unos y otros en él me dan más igual, cada cual que esté de acuerdo con la que más le guste o con ninguna. Pero yo quiero centrar mi interés en las palabras de Filiberto Gómez. Este buen hombre es manchego, como yo, y expresa sinceramente lo que para él es la memoria histórica, eso que tantos odian.
Filiberto no es un político, ni un juez, ni nada de eso. Sólo es un hombre. Es como los manchegos son, sencillos, llanos, de la tierra. Tiene setenta y cuatro años. Para muchos él ya es historia. Ni siquiera existe. Pero mírenlo: habla, piensa, siente.

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