Es curioso echar un vistazo a la tormenta de insultos que desde hace varias semanas azota a Alejandro Sanz después de que se mostrase públicamente partidario de la Ley Sinde (esa ínfima parte de la enorme Ley de Economía Sostenible).
Una cosa llamativa es que los opositores a dicha ley hablan constantemente de censura y persecución de la red; en el momento en que alguien ha estado en contra de sus opiniones se han dedicado a despellejarlo a insultos, demostrando que la libertad de expresión sólo aplica para ellos.
Pero lo que más me llama la atención es que se está intentando hundir la imagen personal de Alejandro Sanz aprovechando que es investigado por evasión de impuestos. Todo el mundo le llama delincuente. Vamos a analizar esto rapidito - no quiero aburriros -.
Los opositores a la Ley Sinde se centran, sobre todo, en el hecho de que según esta norma las páginas con enlaces de descarga puedan ser cerradas por una comisión ministerial y no por un juez, que es lo que ellos exigen.
Es llamativo que ellos necesiten un juez y no acepten otra cosa - a diferencia de los bares que incumplan la Ley Antitabaco, por ejemplo, que pueden ser cerrrados directamente por la policía - mientras que no le otorguen el mismo derecho a Alejandro Sanz.
Alejandro Sanz no debe ser condenado por un juez sino que puede ser ejecutado por la opinión pública. Según la Constitución todos los españoles deben ser considerados inocentes hasta que la Justicia demuestre lo contrario. Pero ah, qué curioso, Series Yonkis necesita jueces propios - repito que los bares no precisan de ningún juez para ser cerrados - pero Sanz no. Sanz puede ser declarado culpable sin juicio. En definitiva, una justicia para ellos y otra para los demás. Muy democrático todo.
Ahora quiero apuntar una última reflexión. Esta entrada me la ha motivado un pequeño debate mantenido en Twitter con Angel Cabrera.
Angel, como muchos otros, piensa diferente de mí y defiende su postura con argumentos y sin faltar. Lo que yo le diría no sólo a él sino a todos los que se oponen a la Ley Sinde de forma razonable es que tengan en cuenta una cosa: y es que la mayoría de los españoles - a los que dicha norma ni les va ni les viene - lo más que van a oír van a ser los insultos, ataques personales y demás.
Es decir, que más le vale a la gente que se opone de forma sensata - que la hay, y mucha - intentar, por el medio que sea, despojarse del lastre que supone la legión de voceros que se dedican únicamente a insultar y despellejar al prójimo.
A mí me recuerda a un caso que padezco; soy republicano y he comprobado cómo la mayoría de la gente identifica la idea de la República con el típico niñato de porro y litrona, camiseta de Boikot y chapita de anarquía. Y no, no tiene nada que ver.
Pues lo mismo, las personas que quieran protestar la Ley Sinde con argumentos y educación - como se hace en una democracia, vamos - debe ir pensando algún modo de separarse de la penosa influencia de todos los que se están limitando a insultar de una forma tan fascista y virulenta como estamos viendo últimamente.
Una cosa llamativa es que los opositores a dicha ley hablan constantemente de censura y persecución de la red; en el momento en que alguien ha estado en contra de sus opiniones se han dedicado a despellejarlo a insultos, demostrando que la libertad de expresión sólo aplica para ellos.
Pero lo que más me llama la atención es que se está intentando hundir la imagen personal de Alejandro Sanz aprovechando que es investigado por evasión de impuestos. Todo el mundo le llama delincuente. Vamos a analizar esto rapidito - no quiero aburriros -.
Los opositores a la Ley Sinde se centran, sobre todo, en el hecho de que según esta norma las páginas con enlaces de descarga puedan ser cerradas por una comisión ministerial y no por un juez, que es lo que ellos exigen.
Es llamativo que ellos necesiten un juez y no acepten otra cosa - a diferencia de los bares que incumplan la Ley Antitabaco, por ejemplo, que pueden ser cerrrados directamente por la policía - mientras que no le otorguen el mismo derecho a Alejandro Sanz.
Alejandro Sanz no debe ser condenado por un juez sino que puede ser ejecutado por la opinión pública. Según la Constitución todos los españoles deben ser considerados inocentes hasta que la Justicia demuestre lo contrario. Pero ah, qué curioso, Series Yonkis necesita jueces propios - repito que los bares no precisan de ningún juez para ser cerrados - pero Sanz no. Sanz puede ser declarado culpable sin juicio. En definitiva, una justicia para ellos y otra para los demás. Muy democrático todo.
Ahora quiero apuntar una última reflexión. Esta entrada me la ha motivado un pequeño debate mantenido en Twitter con Angel Cabrera.
Angel, como muchos otros, piensa diferente de mí y defiende su postura con argumentos y sin faltar. Lo que yo le diría no sólo a él sino a todos los que se oponen a la Ley Sinde de forma razonable es que tengan en cuenta una cosa: y es que la mayoría de los españoles - a los que dicha norma ni les va ni les viene - lo más que van a oír van a ser los insultos, ataques personales y demás.
Es decir, que más le vale a la gente que se opone de forma sensata - que la hay, y mucha - intentar, por el medio que sea, despojarse del lastre que supone la legión de voceros que se dedican únicamente a insultar y despellejar al prójimo.
A mí me recuerda a un caso que padezco; soy republicano y he comprobado cómo la mayoría de la gente identifica la idea de la República con el típico niñato de porro y litrona, camiseta de Boikot y chapita de anarquía. Y no, no tiene nada que ver.
Pues lo mismo, las personas que quieran protestar la Ley Sinde con argumentos y educación - como se hace en una democracia, vamos - debe ir pensando algún modo de separarse de la penosa influencia de todos los que se están limitando a insultar de una forma tan fascista y virulenta como estamos viendo últimamente.
Creo que Enrique Dans explica muy bien por qué la Ley Sinde es un error. Creo que es una carrera hacia atrás. La industria, en vez de buscar soluciones e innovar (p.e., algo que ya hace Spofity, pero que tiene las manos atadas con los precios a causa de esa ceguera crónica que hay en la industria) se dedica a intentar proteger un modelo que no defiende ni beneficia a los interesados finales, los autores, salvo en un pequeñísimo porcentaje, sino que beneficia a los intermediarios.
ResponderSuprimirVale.
Segundo dato. El insulto y la mitomanía. Los famosos están llegando a Twitter y las redes sociales con la mentalidad de tener muchos seguidores y seguir vendiendo "su" producto y no se percatan que están en un medio bidireccional, de tú a tú.
Algo les está fallando. A ellos y a la industria.
Y tu reflexión, como siempre, excelente -a mí me lo parece-. Gracias por incluirme. Siempre es gratificante debatir contigo todos estos temas.
:)
Yo también pienso como tú, en el sentido de que la industria debería ofrecer otro tipo de servicios. En lo que no estoy de acuerdo es en obligarles, es decir, si alguien quiere invertir su dinero en algo innovador pues elegiremos su producto y los otros se comerán los mocos, pero hasta entonces, ¿está justificado quebrantar la propiedad intelectual? Porque, no lo olvidemos, hay gente que gasta muchas horas en escribir un libro - por ejemplo - y si no le da la gana ofrecerlo gratis - cosa lógica - es una injusticia obligarle, como muchos pretenden - entre ellos el señor Davi Bravo -.
ResponderSuprimirEl ejemplo de Dans me parece poco afortunado porque es lo más hipócrita que uno se pueda echar a la cara. Él no ha tenido problema en editar su libro en una editorial como Planeta y cobrar hasta diez eurazos por él en su versión para iPhone, y no hablemos de Escolar que hizo lo propio editando otro libro - de darlo gratis, tampoco se habló un pelo -. No sé, me llama la atención que digan una cosa y hagan la otra.
Sobre el tema de los insultos... ya sabes lo que pienso. No estoy a favor de ellos y creo que aunque algunos defendáis estas posturas sin insultar a nadie, al final os van a meter a todos en el mismo saco.
Me alegro que te gustara el artículo, ¡saludos!