A veces pienso que a los de mi generación no nos hicieron ningún favor trayéndonos al mundo. Siempre que imagino el futuro llego a la misma conclusión: no hay futuro. Simplemente me planteo cómo será mi vida, mi familia, mi casa, mis ocupaciones... y luego pienso, ¿familia, casa? ¿Realmente habrá algo de todo eso?
El mundo se deshace. No vamos a ponernos a discutir sobre el cambio climático: todos sabemos - incluso los que dicen que no - que es una realidad y que las catástrofes van a ser cada vez mayores y más terribles. ¿Y qué hay de lo demás? Por muchas revoluciones que haya en Egipto el integrismo islámico no para de crecer con su virulencia y su barbarie; aún más terroríficos pueden llegar a ser los viejos fascistas europeos, que renacen avivados por el racismo y vuelven con muchas ganas de meter a la gente en el horno.
Estados Unidos se desploma. Obama dice esto y lo otro y está muy bien, pero al imperio se le resquebrajan los cimientos y entre ellos crecen las malas hierbas de China, Rusia, Brasil y La India. Y hay muchos que se alegran de esto porque le tienen tirria a los yanquis, ¡qué bobada! ¿Piensan acaso que los chinos desplegarán un dechado de bondades y virtudes? ¿Qué pasa cuando una potencia se derrumba y surge otra? Que hay guerras, y no cualquier guerra. Guerras mundiales.
¿Qué más puedo decir? Bueno, sólo hay que echar un vistazo a los inmediatamente más pequeños que yo. Violentos, estúpidos, brutales; han sido educados por sus padres en una premisa básica: tenéis derecho a todo y ningún deber. Pueden destruir, violentar, abusar. En ningún caso puede reprimírseles: leyes, sicólogos y sociedad en general les ampara. ¿Qué ocurrirá cuando tengan veinticinco, treinta años? ¿Cómo se resolverá la convivencia? No quiero ni pensarlo.
Otro asunto del que podríamos hablar es de las mafias. Algunos dicen que nacieron en el Imperio Romano, a partir de los patricios, y que fueron uno de los motivos de su caída. Lo cierto es que en Japón tienen más poder que el Estado y en Italia, sencillamente, no hay Estado porque ellas no lo permiten. Ahora están infestando España, Francia, el corazón de Europa: lúmpenes rusos, latinoamericanos y asiáticos que llegan con todas las ganas de robarnos lo que es nuestro y someternos.
No hay que olvidar la cada vez más brutal contaminación, por mucho que ahora algunas compañías no vendan bolsas de plástico. Aquel mundo que aparecía en los cómics de ciencia-ficción que yo leía en los 90, de crío, ya está llegando: nubes tóxicas, nieblas eternas, cánceres. Una especie de plaga de Dios enviada para barrer a la humanidad.
El futuro se me presenta así: sindicatos del crimen, sociedad brutalizada y cavernícola, fascismo, integrismo religioso, guerras, desastres climáticos, hambrunas, éxodos masivos, contaminación y enfermedades. Eso es lo que preveo. Y a lo mejor soy un paranoico pero no debo andar desencaminado; algunos piensan que para 2030 no existirá la civilización - y no, no son sacerdotes mayas, son científicos -.
En medio de todo esto luego miro a mi alrededor y observo las prioridades de la gente y, sobre todo, de las personas de mi edad. La inmensa mayoría de ellos tienen como máximas preocupaciones salir a tomar algo el sábado para echarse fotos, ir a un festival de música a echarse fotos, hacerse rastas, un pendiente o un tatuaje, comprar ropa, ver series. Si se busca algo más elevado lo encontramos enseguida: informarse sobre lo que hace Twitter, lo que hace Facebook, lo que hace Facebook integrado con Twitter, lo que es Tumblr, para qué sirve Pitinguer...
El campo de la reflexión ha quedado reducido a polvo. Algunas personas de mi edad crean una especie de careta para compararse a la sombra de lo que fueron otros hombres de otro tiempo. Gente que escribe con faltas de ortografía nos indica lo que es cultura universal y resulta que la cultura universal son las series que producen como churros las fábricas de Hollywood - por ejemplo The Office, esa franquicia inglesa que luego abrió sucursal en USA igual que se abre un McDonald's al lado de la estación de autobuses -.
Y yo lo único que puedo decir es que les envidio: les envidio mucho. ¡Con qué despreocupación viven! Con la misma que vivía yo a los quince años cuando mi vida consistía en terminar de comer para ir al parque a echar unos litros. Su existencia gira en torno al ocio: ven diez o más series por semana, se bajan todos los discos habidos y por haber, leen cincuenta mil blogs - todos sobre Facebook o Twitter o Twitter integrando a Facebook -, van a conciertos; todo lo demás no les importa.
Siguen pensando que la vida será siempre ocio, ¡qué envidia! Todavía no saben que quizá el futuro, para nosotros, será hambre, frío, violencia y muerte. A lo mejor por entonces donde se vivirá bien será en Egipto; pena que nosotros no seamos ellos. Nos tocará ir en patera.
Aviso IMPORTANTE: Si vas a escribirme que soy un prejuicioso, que no me informo, que antes de aprender a escribir hay que aprender a leer o cualquier otro eructo similar antes de hacerlo pregúntate: ¿quién te obliga a leer mi blog?
El mundo se deshace. No vamos a ponernos a discutir sobre el cambio climático: todos sabemos - incluso los que dicen que no - que es una realidad y que las catástrofes van a ser cada vez mayores y más terribles. ¿Y qué hay de lo demás? Por muchas revoluciones que haya en Egipto el integrismo islámico no para de crecer con su virulencia y su barbarie; aún más terroríficos pueden llegar a ser los viejos fascistas europeos, que renacen avivados por el racismo y vuelven con muchas ganas de meter a la gente en el horno.
Estados Unidos se desploma. Obama dice esto y lo otro y está muy bien, pero al imperio se le resquebrajan los cimientos y entre ellos crecen las malas hierbas de China, Rusia, Brasil y La India. Y hay muchos que se alegran de esto porque le tienen tirria a los yanquis, ¡qué bobada! ¿Piensan acaso que los chinos desplegarán un dechado de bondades y virtudes? ¿Qué pasa cuando una potencia se derrumba y surge otra? Que hay guerras, y no cualquier guerra. Guerras mundiales.
¿Qué más puedo decir? Bueno, sólo hay que echar un vistazo a los inmediatamente más pequeños que yo. Violentos, estúpidos, brutales; han sido educados por sus padres en una premisa básica: tenéis derecho a todo y ningún deber. Pueden destruir, violentar, abusar. En ningún caso puede reprimírseles: leyes, sicólogos y sociedad en general les ampara. ¿Qué ocurrirá cuando tengan veinticinco, treinta años? ¿Cómo se resolverá la convivencia? No quiero ni pensarlo.
Otro asunto del que podríamos hablar es de las mafias. Algunos dicen que nacieron en el Imperio Romano, a partir de los patricios, y que fueron uno de los motivos de su caída. Lo cierto es que en Japón tienen más poder que el Estado y en Italia, sencillamente, no hay Estado porque ellas no lo permiten. Ahora están infestando España, Francia, el corazón de Europa: lúmpenes rusos, latinoamericanos y asiáticos que llegan con todas las ganas de robarnos lo que es nuestro y someternos.
No hay que olvidar la cada vez más brutal contaminación, por mucho que ahora algunas compañías no vendan bolsas de plástico. Aquel mundo que aparecía en los cómics de ciencia-ficción que yo leía en los 90, de crío, ya está llegando: nubes tóxicas, nieblas eternas, cánceres. Una especie de plaga de Dios enviada para barrer a la humanidad.
El futuro se me presenta así: sindicatos del crimen, sociedad brutalizada y cavernícola, fascismo, integrismo religioso, guerras, desastres climáticos, hambrunas, éxodos masivos, contaminación y enfermedades. Eso es lo que preveo. Y a lo mejor soy un paranoico pero no debo andar desencaminado; algunos piensan que para 2030 no existirá la civilización - y no, no son sacerdotes mayas, son científicos -.
En medio de todo esto luego miro a mi alrededor y observo las prioridades de la gente y, sobre todo, de las personas de mi edad. La inmensa mayoría de ellos tienen como máximas preocupaciones salir a tomar algo el sábado para echarse fotos, ir a un festival de música a echarse fotos, hacerse rastas, un pendiente o un tatuaje, comprar ropa, ver series. Si se busca algo más elevado lo encontramos enseguida: informarse sobre lo que hace Twitter, lo que hace Facebook, lo que hace Facebook integrado con Twitter, lo que es Tumblr, para qué sirve Pitinguer...
El campo de la reflexión ha quedado reducido a polvo. Algunas personas de mi edad crean una especie de careta para compararse a la sombra de lo que fueron otros hombres de otro tiempo. Gente que escribe con faltas de ortografía nos indica lo que es cultura universal y resulta que la cultura universal son las series que producen como churros las fábricas de Hollywood - por ejemplo The Office, esa franquicia inglesa que luego abrió sucursal en USA igual que se abre un McDonald's al lado de la estación de autobuses -.
Y yo lo único que puedo decir es que les envidio: les envidio mucho. ¡Con qué despreocupación viven! Con la misma que vivía yo a los quince años cuando mi vida consistía en terminar de comer para ir al parque a echar unos litros. Su existencia gira en torno al ocio: ven diez o más series por semana, se bajan todos los discos habidos y por haber, leen cincuenta mil blogs - todos sobre Facebook o Twitter o Twitter integrando a Facebook -, van a conciertos; todo lo demás no les importa.
Siguen pensando que la vida será siempre ocio, ¡qué envidia! Todavía no saben que quizá el futuro, para nosotros, será hambre, frío, violencia y muerte. A lo mejor por entonces donde se vivirá bien será en Egipto; pena que nosotros no seamos ellos. Nos tocará ir en patera.
Aviso IMPORTANTE: Si vas a escribirme que soy un prejuicioso, que no me informo, que antes de aprender a escribir hay que aprender a leer o cualquier otro eructo similar antes de hacerlo pregúntate: ¿quién te obliga a leer mi blog?
Veo que hay quien me gana en pesimismo, Javier. A pesar de lo mal que está el mundo, seguro que tienes alicientes que te hacen levantarte cada mañana. ¿A que no te gustaría morirte, a pesar de lo mal que está todo? Anímate, hombre, que la vida no hay que tomársela demasiado en serio porque total, como dijo alguien, "nadie sale vivo de ella".
ResponderSuprimirxD en realidad vivo con otra filosofía más normal, pero esto es lo que me viene a la cabeza cuando me pongo profundo y me planteo el futuro y si algún día tendré una familia o una casa. Lo chungo es pensar en cosas importantes.
ResponderSuprimirYo creo que las cosas van por el camino que tu indicas, por eso estoy muy contento de que mi hijo de 11 años ya sea cinturón azul de kárate y de que su abuelo, el cazador, le esté adiestrando adecuadamente en el uso de las armas.
ResponderSuprimirMira, yo tengo una mujer que es un tesoro, cada mañana hace el pan, en verano hacemos conservas y mermeladas, en invierno embutidos, en primavera recogemos hierbas y en otoño buscamos hongos y setas. Todo esto lo hacemos juntos, mi hija adolescente también participa con alegría. Mis hijos parecen compartir nuestra opinión sobre los jóvenes, tienen pocos amigos, y pasan los fines de semana con nosotros ocupandonos de nuestra casa y nuestras cosas.
Y te digo una cosa, si que hay esperanza. Si se produjera ese cataclismo que todos esperamos, y la civilización fuera destruida y tuviera que irme a vivir a una cueva en lo más recóndito de la sierra, estoy seguro de que en mi cueva, al atardecer, se escucharían risas y canciones.
Un saludo
Cuando todo esto ocurra Wallaq, tendrás que enfrentarte a las turbas procedentes de las ciudades, desplazadas por las catástrofes, que avanzarán arrasando todo a su paso en busca de alimento y rapiña. Es el futuro que nos espera.
ResponderSuprimirSaludos.
Si. El campo siempre se convierte en tierra de nadie, no creas que no lo pienso.
ResponderSuprimirUn saludo.
Por supuesto. Será un desastre.
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