5.3.11

El suicidio y la voluntad

Hace tiempo hablábamos por aquí de las implicaciones legales del suicidio; un acto que, actualmente, está penado en la mayoría de las legislaciones occidentales. Casi todos estuvimos de acuerdo en que esto es absurdo y una intervención injustificada del Estado en asuntos personales. Pablo, sin embargo, se mostró en desacuerdo y nos presentó su opinión según la cual el suicidio es un acto involuntario que debería prevenirse y evitarse.

Yo respeto su opinión y me pareció muy interesante conocerla - no había oído hasta entonces nada en este sentido - pero explicaré por qué me opongo a ella. Pablo nos comentaba que el suicidio puede ser debido a:

  • Dolor físico crónico.
  • Crisis vital.
  • Aislamiento social.

A partir de ahí, él afirmaba que una persona en estas condiciones no es dueña de sus actos, sino que es su situación sanitaria, social o emocional la que decide por él. Es decir, la persona no es la que rige su destino sino que son las circunstancias la que lo hacen y, por lo tanto, el suicidio no formaría parte de la libre elección.

Fue Rosseau, uno de los grandes de la Ilustración, quien dejó dicho que "el individuo no es malo, es la sociedad que le corrompe". Una idea que tomaba directamente de Confucio quien afirmaba que "el ser humano es bueno por naturaleza, la maldad es esencialmente antinatural". Os preguntaréis qué tiene que ver. Pues todo.

A partir de la Revolución Francesa se impusieron las ideas de Rosseau frente a otras más antiguas (fundamentalmente cristianas y platónicas) según la cual el ser humano es dueño de su destino. Es decir, en un pensamiento orientado fundamentalmente a la bondad social - las intenciones son buenas - desde el reconocimiento de los derechos del hombre es general la concepción de que el ser humano en realidad no es un ser libre y voluntario sino que es la sociedad la responsable última de su situación y sus actos. En definitiva todo consiste en eliminar al hombre adulto para convertirlo en un niño irresponsable de sus decisiones, que son en realidad competencia de la sociedad - y en última instancia, del Estado -.

A esto se oponía frontalmente Sartre quien opinaba que "el hombre nace libre y responsable", algo heredado de los Padres de la Revolución Americana que defendían que "todos los hombres fueron creados libres" como una "verdad evidente". Yo personalmente tomo esta postura contra la que establece al ser humano como una criatura sin voluntad y absolutamente dependiente de su entorno - que es la filosofía imperante hoy día -.

En principio fue la ética: el hombre no es malo o bueno, es la sociedad. Más adelante fue el éxito: nadie es pobre o rico por sí mismo, sino por la justicia o injusticia social. Ahora ya cada vez más - ante el auge de la psicología - se transmite a la dimensión vital: no somos felices o infelices por nuestra propia predisposición a la vida sino, al revés, por la relación que la vida tenga con nosotros.

Para ser más claro les pongo un ejemplo inventado. José es un chico de veinte años que sufre un accidente de tráfico y, a causa del mismo, pierde los genitales. Los optimistas militantes podrán decirme que no todo en la vida es sexo e, incluso, que no puede darse tanta importancia al pene porque esa concepción como "órgano fundamental" ya fue superada por el feminismo. Eso es cierto pero tengan en cuenta que, debido a esto:

  • José no puede tener una relación de pareja.
  • José no puede ser padre y no podrá, por tanto, formar una familia.

El resultado inmediato es que José está condenado a pasar toda su vida absoluta, limpia y llanamente: solo. ¿Alguien desearía esa vida? Yo personalmente no. Y no condenaría bajo ningún concepto a José si decidiese - razonablemente - acabar con su soledad irremediable dejando voluntariamente este mundo. ¿Quién puede soportar no tener absolutamente a nadie que le acompañe, no por decisión propia, sino obligado por un accidente de tráfico?

Pablo nos decía que el suicidio "no solo afecta a uno mismo, sino a muchísma gente en distintos niveles. A la propia familia en primer lugar, a los amigos y allegados". Esto es verdad; pero intervenir el suicidio basándose en eso es también un hecho de egoísmo social. No egoísmo personal, basado en uno mismo; sino de los demás hacia nosotros.

El caso paradigmático fue el de Ramón Sampedro, condenado por un accidente a vivir postrado en una cama con todo su cuerpo absolutamente inmóvil. Una de las excusas que sus familiares le ponían para ayudarle a abandonar sus ideas suicidas es que no querían privarse de su compañía porque le querían. Y él con razón les llamaba "egoístas", porque lo eran.

Una persona condenada a un sufrimiento insoportable: imaginad vivir sin brazos o piernas, perder el cuerpo de cintura para abajo o ser atacados por tumores lenta y dolorosamente. Él está sufriendo una pesadilla constante, un infierno en vida que puede prolongarse años pero, ¡que se aguante y sufra! No tiene derecho a terminar con eso porque a nosotros nos haría daño perderle. Pienso que la sociedad debería ser más fuerte en este sentido.

Ernest Hemingway se suicidó cuando le fue diagnosticado un cáncer de pulmón y antes que él hizo lo mismo Horacio Quiroga, quien padecía cáncer de próstata. Alguien podría haber dicho que no actuaron por su voluntad; no es cierto. Ambos iban a morir de todos modos, entre tormentos innumerables y que a cualquier ser humano reducirían a ceniza. Simplemente como seres humanos adultos, responsables y valientes decidieron morir de una forma limpia antes que consumirse lentamente entre espantosos sufrimientos.

Pienso que el problema es que el suicidio suele verse como una cuestión emocional un poco adolescente. "Estoy triste, nadie me quiere". No, no: piensen en el horror. Hace tiempo Daniel nos hablaba del crimen de Cheshire, Connecticut. William Petit, padre de familia, sobrevivió después de que su mujer y sus hijas fueran violadas y posteriormente asesinadas por delincuentes. Tendrá que vivir con eso toda su vida; y si él quiere hacerlo estamos de acuerdo pero, ¿alguien podría juzgarle si decidiese hacer lo contrario? Yo personalmente pienso que no: cualquiera en su situación barajaría el suicidio. Y el suicidio sería una decisión razonable y aceptable teniendo en cuenta el espantoso tormento que va a ser su vida en adelante.

En definitiva es la oposición entre dos formas de pensamiento: la que considera al hombre libre y responsable y la que achaca esta responsabilidad a la sociedad. Vemos que la última se impone hoy día: la culpa es siempre de la sociedad. Algo que se aprecia también en la justicia: el criminal es siempre alguien que necesita ayuda y reinserción y nunca castigo. Porque él no es responsable: fue su infancia traumática, su familia o la sociedad la que le empujó a robar y matar. Yo no estoy de acuerdo en absoluto: los hombres nacen libres, están obligados a ser libres y dentro de esa libertad el suicidio es una opción respetable y comprensible como cualquier otra.

5 comentarios:

  1. Es muy interesante el argumento de Pablo y me lo he planteado en muchas ocasiones. He estado luchando hasta el último aliento con las personas más queridas, por su supervivencia; no sé si ellas lo hubiesen decidido así, en mi fuero interno estaba seguro de que sí, por amor, por puro amor; yo lo necesitaba, quizá egoístamente; pese a todas las circunstancias vitales a las que nos enfrentamos y sobre las que no podemos decir hoy cómo vamos a reaccionar, creo que ha de prevalecer ante todo la libertad personal. Y si es difícil, hay que hacerla valer, respetarla, comprenderla, favorecer su manifestación y cumplirla. El pensamiento socrático es ese, el pensamiento flosoófico en fin.

    Respetar a quien lo decide y respetar a quien decide lo contrario. Fíjate en el caso de Hawking, en su estado ha sido capaz de crear toda una teoría del universo y apasionarse con su tarea.

    Sí, es cierto, la idea global de sociedad tiende a usurparnos las parcelas más íntimas de nuestro propio ser. Es todo muy delicado, ha de delimitarse bien; en el ejemplo que pones de los actos criminales, parece pensarse que la mayoría son fruto de actos no cabales; y no es así, pero sea como fuere, el objeto de la sociedad debe ser su reinserción (volvemos a Pablo).

    Si te sabes libre, nada ni nadie puede esclavizarte nunca, ni en la peor de las prisiones. Libertad y progreso social, compaginemos ambos conceptos.

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  2. Desde luego la opinión de Pablo es interesante. Es cierto que no suelo compartir sus planteamientos pero todo lo que escribe me lo parece, en todo caso.

    Yo también sé lo que es atender a un ser querido en situaciones difíciles, precisamente, creo que es uno de los motivos que me han ayudado a formar esta opinión. Sé lo que es y por mi observación y mis reflexiones he llegado a la conclusión de que puede llegar a ser egoísta y, desde luego, me parece que no lo quiero para mí en el futuro si la vida me pone en esa situación...

    El ejemplo de Hawking es bueno. Con esto me pasa como con la "cultura libre", yo nunca estoy en contra de nada siempre y cuando el afectado sea quien decide. Y si bien Hawking eligió vivir en esas condiciones y está claro que ha sacado provecho a su vida, yo sé que si me viese en su situación, con su enfermedad, no querría seguir viviendo. El tema es complicado, sin duda.

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  3. Muy interesante. Yo estoy de acuerdo con vosotros. Y hay razones por las que entiendes que alguien opte por el suicidio. La vida puede convertirse en un auténtico infierno.

    El hombre necesita educación y valores. Estas dos cosas son como un manual de instrucciones para comportarse en esta vida. Con ellos el hombre puede ser libre, sin ellos los jóvenes nos parecen primarios, instintivos y violentos.

    Cuando encuentras una rata no te preocupas si es rata nacida de rata, o si es conejo abducido por rata o es funcionario público metamorfoseado en rata.

    Los padres de la patria americana que redactaron la Constitución del buen pueblo de Virginia eran unos tipos formidables. Hablaron en su Constitución del "gozo de la vida", y de la "búsqueda y obtención de la felicidad". No es de extrañar ya que todos ellos tocaron el cielo con sus manos; vivían en casas coloniales en aquella tierra bendecida por Dios como son Virginia o Nueva Inglaterra, eran plantadores de cáñamo índico, y tenían docenas de esclavas con las que compartir sudores y esfuerzos.

    Jefferson, Lee y sus amigos obtuvieron la felicidad y la admiración de toda la humanidad.

    Un saludo

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  4. Yo también estoy de acuerdo. Uno de mis amigos tuvo una etapa suicida (que afortunadamente superó) y su principal razón era encontrarse en un callejón laboral sin salida.

    Sin embargo en el otro extremo podía ver a los inmigrantes ilegales subsaharianos en una posición bastante peor que la suya luchando por labrarse una vida.

    Con esto no quiero decir que él tuviera o no razones para considerar el suicidio, que al fin y al cabo no hay nada más personal. Lo que sí creo es que eso de "la sociedad es responsable absoluta del suicidio de una persona" no me parece acertado. La sociedad influye, pero el individuo determina cómo quiere afrontar sus retos o injusticias.

    El único suicidio involuntario creo que sería el que viene de un desequilibrio químico y que puede ser tratado con medicación.

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  5. Ese caso de los desequilibrios químicos no se me había ocurrido... en ese caso es obvio que no se trataría de una decisión responsable, ya que el cerebro funciona mal. Pero mientras el cerebro esté sano es una decisión de cada uno; de lo contrario, realmente podríamos decir que absolutamente todo depende de las circunstancias, y que nada lo decidimos nosotros.

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