7.3.11

Se cierra este blog


Este blog queda cerrado. La entrada anterior fue la última. Os lo agradezco a todos los que habéis dedicado vuestro tiempo a leerme. Los comentarios estarán abiertos hasta el próximo viernes por si alguien quiere despedirse. Si alguno está interesado en seguirme, sigo escribiendo sobre temas no relacionados con política en mi blog personal y sobre la actualidad de la Unión Europea en Mayo Europeo.

Un saludo y hasta siempre. :)

5.3.11

El suicidio y la voluntad

Hace tiempo hablábamos por aquí de las implicaciones legales del suicidio; un acto que, actualmente, está penado en la mayoría de las legislaciones occidentales. Casi todos estuvimos de acuerdo en que esto es absurdo y una intervención injustificada del Estado en asuntos personales. Pablo, sin embargo, se mostró en desacuerdo y nos presentó su opinión según la cual el suicidio es un acto involuntario que debería prevenirse y evitarse.

Yo respeto su opinión y me pareció muy interesante conocerla - no había oído hasta entonces nada en este sentido - pero explicaré por qué me opongo a ella. Pablo nos comentaba que el suicidio puede ser debido a:

  • Dolor físico crónico.
  • Crisis vital.
  • Aislamiento social.

A partir de ahí, él afirmaba que una persona en estas condiciones no es dueña de sus actos, sino que es su situación sanitaria, social o emocional la que decide por él. Es decir, la persona no es la que rige su destino sino que son las circunstancias la que lo hacen y, por lo tanto, el suicidio no formaría parte de la libre elección.

Fue Rosseau, uno de los grandes de la Ilustración, quien dejó dicho que "el individuo no es malo, es la sociedad que le corrompe". Una idea que tomaba directamente de Confucio quien afirmaba que "el ser humano es bueno por naturaleza, la maldad es esencialmente antinatural". Os preguntaréis qué tiene que ver. Pues todo.

A partir de la Revolución Francesa se impusieron las ideas de Rosseau frente a otras más antiguas (fundamentalmente cristianas y platónicas) según la cual el ser humano es dueño de su destino. Es decir, en un pensamiento orientado fundamentalmente a la bondad social - las intenciones son buenas - desde el reconocimiento de los derechos del hombre es general la concepción de que el ser humano en realidad no es un ser libre y voluntario sino que es la sociedad la responsable última de su situación y sus actos. En definitiva todo consiste en eliminar al hombre adulto para convertirlo en un niño irresponsable de sus decisiones, que son en realidad competencia de la sociedad - y en última instancia, del Estado -.

A esto se oponía frontalmente Sartre quien opinaba que "el hombre nace libre y responsable", algo heredado de los Padres de la Revolución Americana que defendían que "todos los hombres fueron creados libres" como una "verdad evidente". Yo personalmente tomo esta postura contra la que establece al ser humano como una criatura sin voluntad y absolutamente dependiente de su entorno - que es la filosofía imperante hoy día -.

En principio fue la ética: el hombre no es malo o bueno, es la sociedad. Más adelante fue el éxito: nadie es pobre o rico por sí mismo, sino por la justicia o injusticia social. Ahora ya cada vez más - ante el auge de la psicología - se transmite a la dimensión vital: no somos felices o infelices por nuestra propia predisposición a la vida sino, al revés, por la relación que la vida tenga con nosotros.

Para ser más claro les pongo un ejemplo inventado. José es un chico de veinte años que sufre un accidente de tráfico y, a causa del mismo, pierde los genitales. Los optimistas militantes podrán decirme que no todo en la vida es sexo e, incluso, que no puede darse tanta importancia al pene porque esa concepción como "órgano fundamental" ya fue superada por el feminismo. Eso es cierto pero tengan en cuenta que, debido a esto:

  • José no puede tener una relación de pareja.
  • José no puede ser padre y no podrá, por tanto, formar una familia.

El resultado inmediato es que José está condenado a pasar toda su vida absoluta, limpia y llanamente: solo. ¿Alguien desearía esa vida? Yo personalmente no. Y no condenaría bajo ningún concepto a José si decidiese - razonablemente - acabar con su soledad irremediable dejando voluntariamente este mundo. ¿Quién puede soportar no tener absolutamente a nadie que le acompañe, no por decisión propia, sino obligado por un accidente de tráfico?

Pablo nos decía que el suicidio "no solo afecta a uno mismo, sino a muchísma gente en distintos niveles. A la propia familia en primer lugar, a los amigos y allegados". Esto es verdad; pero intervenir el suicidio basándose en eso es también un hecho de egoísmo social. No egoísmo personal, basado en uno mismo; sino de los demás hacia nosotros.

El caso paradigmático fue el de Ramón Sampedro, condenado por un accidente a vivir postrado en una cama con todo su cuerpo absolutamente inmóvil. Una de las excusas que sus familiares le ponían para ayudarle a abandonar sus ideas suicidas es que no querían privarse de su compañía porque le querían. Y él con razón les llamaba "egoístas", porque lo eran.

Una persona condenada a un sufrimiento insoportable: imaginad vivir sin brazos o piernas, perder el cuerpo de cintura para abajo o ser atacados por tumores lenta y dolorosamente. Él está sufriendo una pesadilla constante, un infierno en vida que puede prolongarse años pero, ¡que se aguante y sufra! No tiene derecho a terminar con eso porque a nosotros nos haría daño perderle. Pienso que la sociedad debería ser más fuerte en este sentido.

Ernest Hemingway se suicidó cuando le fue diagnosticado un cáncer de pulmón y antes que él hizo lo mismo Horacio Quiroga, quien padecía cáncer de próstata. Alguien podría haber dicho que no actuaron por su voluntad; no es cierto. Ambos iban a morir de todos modos, entre tormentos innumerables y que a cualquier ser humano reducirían a ceniza. Simplemente como seres humanos adultos, responsables y valientes decidieron morir de una forma limpia antes que consumirse lentamente entre espantosos sufrimientos.

Pienso que el problema es que el suicidio suele verse como una cuestión emocional un poco adolescente. "Estoy triste, nadie me quiere". No, no: piensen en el horror. Hace tiempo Daniel nos hablaba del crimen de Cheshire, Connecticut. William Petit, padre de familia, sobrevivió después de que su mujer y sus hijas fueran violadas y posteriormente asesinadas por delincuentes. Tendrá que vivir con eso toda su vida; y si él quiere hacerlo estamos de acuerdo pero, ¿alguien podría juzgarle si decidiese hacer lo contrario? Yo personalmente pienso que no: cualquiera en su situación barajaría el suicidio. Y el suicidio sería una decisión razonable y aceptable teniendo en cuenta el espantoso tormento que va a ser su vida en adelante.

En definitiva es la oposición entre dos formas de pensamiento: la que considera al hombre libre y responsable y la que achaca esta responsabilidad a la sociedad. Vemos que la última se impone hoy día: la culpa es siempre de la sociedad. Algo que se aprecia también en la justicia: el criminal es siempre alguien que necesita ayuda y reinserción y nunca castigo. Porque él no es responsable: fue su infancia traumática, su familia o la sociedad la que le empujó a robar y matar. Yo no estoy de acuerdo en absoluto: los hombres nacen libres, están obligados a ser libres y dentro de esa libertad el suicidio es una opción respetable y comprensible como cualquier otra.

2.3.11

España, tan culta

Estos días se está hablando mucho del modista John Galliano porque al parecer ha protagonizado un escándalo relacionado con cosas nazis. Bien, yo hasta hace poco no sabía nada de este señor. Su nombre me sonaba de haberlo escuchado alguna vez en la tele o en la radio - en los medios siempre hablan de las pasarelas de moda como si a alguien le importasen una mierda; y de hecho la gente finge interesarse en estos asuntos -.
De hecho yo creía que el tipo tenía como cien años, me sonaba a diseñador del tiempo de maricastaña y me sorprendió mucho encontrar una foto suya y comprobar que en realidad no es para tanto. Pero España está habitada por una raza de superhombres multidisciplinares plenos de conocimiento. Yo soy una miserable excepción a esta raza de elfos llenos de cultura y sabiduría.

Un buen ejemplo lo tuvimos con la película Ágora. En este filme se narran los últimos días de la filósofa romana Hipatia en la Alejandría precristiana. Bueno, yo no sabía que había existido esa tal Hipatia hasta que vi la película. Tampoco había leído ninguna de sus obras - o mejor dicho las obras de sus discípulos, que es a través de quienes se le conoce - ni conocía de sus logros científicos o filosóficos.

Sin embargo, como me gustó mucho la peli, me puse a buscar información en internet sobre ella y sobre el film. Y, ¡qué sorpresa me llevé! Resultó que era yo el único inculto, ignorante y analfabeto de entre los muy cultos españoles que no conocía la gran obra de Hipatia. Cuál fue mi vergüenza al comprobar que todos los demás sabían muy bien quién fue y lo que hizo, no porque Amenábar lo filmase en una película sino ya de mucho antes, claro que sí. Así se dejaba claro en las críticas que leí en FilmAffinity o La Off-Off-Crítica, y no sólo en los textos de los autores sino también en los comentarios. No sólo ellos habían leído mucho sobre Hipatia antes de que Amenábar ni siquiera pensase en rodar su película, sino que además estaban muy descontentos porque - por lo visto - el director español - mucho más inculto que ellos - había metido la pata en no sé cuántos detalles históricos del guión.

Otro caso que podemos mencionar es el de Mario Benedetti. Otro gran poeta que yo no he leído. Qué alegría me dio comprobar, cuando se conoció su muerte, que tantos otros españoles sí lo habían hecho. Digo alegría porque a todos nos gusta vivir en una sociedad tan cultivada. Y es algo que pudimos constatar una segunda vez cuando se otorgó el Nobel a Vargas Llosa.

Lo que sí es cierto es que yo - por ignorante, seguramente - no encajo esta nación tan culta en el hecho de que los tres libros más vendidos en España sean El niño con el pijama de rayas, Los pilares de la tierra y La catedral del mar - es decir, basura industrial -. Tampoco me cuadra con que el 78% de los españoles afirme no leer nunca, casi nunca o como mucho "alguna vez por semana". En fin, paradojas.

Ejemplos hay para dar y tomar. La revuelta egipcia - que los españoles han secundado en Twitter - nos permitió saber que muchos no llamaban a la región afectada Norte de África o Magreb - que es paleto - sino que conocen la más culta versión Al-Magrib y la tuitean todo el rato, porque son cultos y consultan Wikipedia.

O bien España es una Arcadia de sabiduría y conocimiento, un Rivendel élfico, una Florencia renacentista, una Grecia clásica o una Atlántida perdida. O eso, o bien ahora cualquier dato está al alcance de Google y no sólo algunos disfrutan haciendo ver que lo sabían antes de que los periódicos pusieran de moda el asunto de marras - sea revolución, película o muerte de escritor ilustre - sino que la mayoría de los pazguatos se lo tragan y lo dan por bueno.

Para mí, o una devaluación más de la cultura y el conocimiento o una verdadera edad dorada - tal vez producto del éxito de Series Yonkis -. O eso o que todo el mundo opina sin tener ni puta idea y encima encuentra aplausos. Y por si algún caracartón viene a decirme que yo hago lo mismo - pues tener un blog, en realidad, es opinar de todo un poco -; y que yo realmente soy poco más que un mierda y no tengo mayor acreditación para hablar de política, le contestaré que ya me lo estoy planteando. Que estoy pensando en eso, ya saben, de que "cuando el necio habla el sabio calla".

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javier . pozo . solera @ gmail . com